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Por Eduardo Gutiérrez Arias

Europa fue la cuna del movimiento revolucionario en el siglo XIX con el liderazgo de Carlos Marx y Federico Engels. Comenzando el siglo XX Vladimir I. Lenin lideró la primera revolución socialista en toda la Europa Oriental y parte de Asia. En la segunda mitad del siglo XX la fuerza del movimiento revolucionario se desplazó al Asia (China, Vietnam, Corea). En estos comienzos del siglo XXI esa fuerza revolucionaria se ha dispersado más en todo el mundo: Asia, África, América Latina, Europa y América del Norte.  No hay que olvidar que en E.U. y Canadá hay fuerzas revolucionarias en latencia, que en cualquier momento pueden crecer y hacer explosión. Pero un triunfo de estas fuerzas necesita de una organización mundial, como lo pensaron todos los verdaderos revolucionarios de los dos últimos siglos.

Los cambios económicos, políticos, sociales y culturales en la historia han sido fruto de poderosos sistemas organizacionales capaces de mover las fuerzas productivas, las formas de poder y dominio, las estructuras de clase y apropiación de las riquezas en la sociedad, así como las formas de pensar y crear cohesión ideológica.

La ciencia, que en sus comienzos fue fruto de procesos de experimentación, análisis y transformación de la realidad por mentes esclarecidas y personalidades destacadas en sociedades que lograron tomar la delantera en el desarrollo económico social, hoy son fruto de grandes equipos humanos encargados de sondear, experimentar y poner a prueba hipótesis en materia de la ciencia. Esos equipos requieren de la colaboración no sólo de los mejores cerebros en áreas específicas del conocimiento humano, sino también de inmensos recursos económicos y tecnológicos, para todos sus procesos experimentales.

Los desarrollos del saber y el conocimiento humano han ido paralelos a los avances en la economía y la cultura. Cuando hablo de cultura me refiero al significado más general del término, que involucra arte, literatura, creencias, moral, leyes, costumbres, valores, hábitos y formas de gobierno. A medida que el ser humano adquirió conciencia de su espiritualidad y de su capacidad para liderar el planeta y todos los seres que en él habitan, también fue creando un sentido de la responsabilidad, tanto para su propio futuro como el del resto de seres vivos. Es la etapa que atravesamos en la actualidad.

En materia política, una importante franja humana, quiere mantenerse apegada al pasado. Les chocan las libertades, los ensayos y la experimentación en materia de la construcción de modelos de Estado, en los que todos tenga la posibilidad de progresar y llegar a más altas dimensiones humanas. Para ellos la sociedad esclavista y la edad media feudal, son modelos que nunca debieron desaparecer. Para su infortunio el mundo avanza y la cultura humana se transforma creando proyectos como el socialista y el comunista, nacidos de la esperanza de igualdad.