Por Ever Verú Collazos
Segunda entrega
“Vamos por la disputa de la Presidencia de la República con un gobierno cada vez con mayor respaldo popular, con nuestro proyecto el Pacto Histórico, que se erige en la principal fuerza política del País sin discusión. Somos afortunados en que los pueblos indígenas y una de sus más dignas representantes haya aceptado nuestra petición de convertirse en mi fórmula vicepresidencial”, dijo en uno de sus discursos Iván Cepeda.
Pero este nombramiento no es casual, si bien, hasta el momento Quilcué ha ganado más protagonismo, para algunos expertos esta elección se hace con base al significado de su lucha y a lo que representa para las comunidades ancestrales del país, y no precisamente a la sumatoria de votos, como uno supondría.
Vemos que la figura de Aida Quilcué es la de una mujer que ha ejercido un rol de liderazgo. Sin embargo, pienso que no suma un número muy significativo de votos, pero sí reafirma ese mensaje de compromiso y mantiene esa base del petrismo. De igual manera tampoco creo que le reste un número cuantioso de votantes que vayan a dejar de votar por Cepeda por cuenta de la vicepresidenta, es lo que uno presume.
El poder ancestral y su significado.
Pero Aida Quilcué es más que una senadora, representa al pueblo nasa del departamento del Cauca y se ha forjado como una líder defensora de los derechos humanos, los derechos territoriales, con una trayectoria enfocada en la salud y la consejería del CRIC,(Consejo Regional Indígena del Cauca).
Así mismo, su historia tampoco es ajena al conflicto en Colombia. En 2008, como líder de la minga indígena que viajó a Bogotá para respaldar una movilización popular, sufrió los estragos de la violencia. En un retén del Cauca su esposo Edwin Legarda fue asesinado a manos de soldados del Ejército Nacional. El caso generó gran controversia y se convirtió en símbolo de las denuncias sobre violaciones de derechos humanos en territorios indígenas. De ahí que la historia de Quilcué tampoco resulte ajena para Iván Cepeda, quien también fue reconocido como víctima del conflicto armado.
En ese mismo sentido, es de recordar que el padre de Iván Cepeda, Manuel Cepeda Vargas, dirigente del partido Unión Patriótica, también fue asesinado el 9 de agosto de 1994 en Bogotá por integrantes de la fuerza pública. Pues tanto el candidato a la presidencia, como su fórmula a la vicepresidencia, han sido víctimas de crímenes de Estado. Entonces eso también hace parte de ese escenario en el que los dos están en esa posición, que si bien esta fórmula es una apuesta segura, que no arriesga, que cuida una base, que es coherente con el proyecto progresista y que busca dar representatividad a los pueblos ancestrales, de salir vencedores en las urnas, es que será posible establecer la vocería de Quilcué, pues generalmente los vicepresidentes también desarrollan una labor de campaña que a veces es mucho más significativa de lo que terminan ellos siendo después, únicamente un adorno representativo del presidente, por mandato constitucional.
Una vicepresidenta para reafirmar la identidad de la izquierda.
“El Cric y Aida representan lo mejor de las tradiciones de la resistencia, las luchas sociales, la construcción de un país justo y democrático”, dijo Cepeda sobre la escogencia de la senadora, quien ha ocupado posiciones de liderazgo en dos de las principales organizaciones indígenas del país, el Cric y la Onic.
En su campaña, Cepeda está volviendo sobre las principales ideas y símbolos de la izquierda, que bajo el gobierno Petro fueron impulsados, pero que en muchos casos se desdibujaron. Fue justo lo que sucedió con su vicepresidenta, Francia Márquez, apartada de las principales decisiones luego de que el presidente privilegiara el rol de otras figuras y dejara de lado a Francia.
No en vano, Iván está afianzando los principios del proyecto político. La lógica del poder popular, que Aida representa como mujer indígena y lideresa social. No es una decisión para cerrarnos en términos sectarios sino una afirmación identitaria desde la cual vamos a concertar con otros sectores, dice la exministra Susana Muhamad, coordinadora de la campaña de Cepeda en Bogotá.
Hay que resaltar, que La campaña de Cepeda le ha dado una gran importancia a los movimientos indígenas. De hecho, sus correrías en 2026 las empezó en municipios de Nariño y Putumayo con gran presencia de poblaciones indígenas. Y hace unas semanas, en el remate de la campaña al Congreso, visitó el norte del Cauca vestido con el pañuelo del Cric, y acompañado por Quilcué.
“Mi gobierno no tendrá una relación formal ni protocolaria con los movimientos sociales porque mi gobierno será el gobierno de los movimientos sociales”, dijo Cepeda, quien homenajeó al Cric en sus 55 años de fundación.
La superioridad moral que busca la izquierda.
Para Cepeda, la carrera presidencial es un enfrentamiento moral, expresado en términos casi existenciales, entre la izquierda y el uribismo. “No estamos en un enfrentamiento de extremos políticos, de polarización enardecida, que requiere la cabeza fría de los moderados y las moderadas. Estamos ante debates esenciales entre dos posiciones claramente establecidas y definidas. Y hay que tomar posición, compañeras y compañeros”, manifestó en un discurso en Zipaquirá.
En 2008, Quilcué se enfrentó directamente con el entonces presidente Uribe, que estaba en el pico de su popularidad por lo que consideraba era una injusta estigmatización contra el movimiento indígena.
“Se nos ha dicho a los pueblos indígenas que somos terroristas, que somos delincuentes, y así se nos ha tratado … el presidente Uribe y sus ministros en muchas ocasiones le dijeron a la comunidad colombiana que aquí era el foco de la guerrilla, pero aquí se encuentran nuestros pueblos dignos”, dijo en un tono desafiante en ese entonces.
En esa disputa moral, en la campaña de Cepeda se cree que Quilcué encarna la superioridad del liderazgo social frente a lo que la izquierda considera una herencia política elitista representada por Valencia. Sobre todo recordando la entrevista, en 2015, en la que la senadora uribista propuso un referendo para dividir al Cauca en dos, uno para los mestizos y otro para los indígenas. “discriminación y más polarización”, a lo que está acostumbrado el Uribismo, en un País necesitado de igualdad, equidad e inclusión de todos los sectores de la Patria, y a lo que le apuesta Cepeda y el progresismo”.
“Mientras la extrema derecha desprecia a nuestro pueblo y piden ‘Dos Caucas’, nosotros nos sentimos profundamente orgullosos de la sabiduría, la valentía y la resistencia de nuestros pueblos indígenas”, expresan lideres indígenas del Cauca.
En esa recordada entrevista de Valencia, que la dio durante una visita a Santander de Quilichao, la senadora aseguró que el departamento del Cauca iba a ser uno de los premios para la entonces guerrilla de las Farc, en plenas negociaciones de paz con el gobierno Santos. También sostuvo que las organizaciones indígenas estaban siendo infiltradas por la guerrilla, el mismo señalamiento por el que Quilcué se enfrentó a Uribe en 2008.
Fue Santander de Quilichao justamente el municipio que escogió Cepeda para dar su discurso en el norte del Cauca. En su discurso, Cepeda se comprometió con el Cric a no proponer ninguna regulación “regresiva” para la consulta previa, profundizar las políticas de redistribución de tierras a favor de sus organizaciones, y fortalecer la autonomía de los sistemas de justicia, salud y educación que tienen los pueblos indígenas. También recibió de la organización un documento en su momento, con propuestas programáticas.
Cepeda toma el riesgo de una campaña cerrada.
Incluso dentro del mismo Pacto, la campaña del senador tiene la imagen de estar controlada por un pequeño grupo cerrado de personas. La mayoría son militantes de su tendencia en el Polo Democrático o que hicieron carrera en organizaciones sociales afines a Cepeda, como Vamos por los derechos, Viva la ciudadanía y Marcha Patriótica.
La escogencia de Quilcué como fórmula tiene el riesgo de que el encierro de Cepeda en la campaña sea, además, un encierro político frente a los demás sectores. En este punto, la campaña no ha hecho ningún gesto que indique que necesita más que una izquierda movilizada para ganar. Esa es una lectura que se sostiene en encuestas, como Invamer y CNC, que ponen a Cepeda cerca al 40% en intención de voto, y la confianza de que el centro inevitablemente llegará a su campaña en una segunda vuelta frente a De La Espriella o Valencia de llegarse a ese escenario, que según los sondeos generalizados y a mi modo de ver, Cepeda ganará en primera vuelta.
Es una diferencia con la campaña de Valencia, quien desde su triunfo en la consulta de la derecha ha estado mandando mensajes al centro político, y a los partidos tradicionales como La U y Cambio Radical, e incluso a los simpatizantes del Petrismo, para aterrizar una coalición de cara a la primera vuelta.
De otro lado, en la campaña de Cepeda, muchos estamos convencidos de que, a diferencia del 2022, la correlación de fuerzas favorece a la izquierda en la negociación con la clase política que se necesita para ganar incluso en primera vuelta, ya que no estamos cerrados a suscribir acuerdos de cara a un segundo gobierno progresista. “No somos sectarios, y nuestros planteamientos coinciden con un amplio espectro que va desde el liberalismo socialdemócrata hasta sectores del partido Verde que se autodenominan de centro. Con ellos vamos a negociar sobre la base de acuerdos programáticos claros, como ha manifestado Iván Cepeda”.