Por Wilfred Trujillo Trujillo – Diputado Asamblea del Huila
Durante años, hablar del Anillo Turístico del Sur y de la vía Pitalito – Palestina fue hablar de promesas aplazadas, de anuncios repetidos y de una deuda histórica con el sur del Huila. Cada campaña política traía consigo nuevas fechas, nuevos compromisos y nuevas expectativas, pero las comunidades seguían enfrentando las mismas dificultades: vías inconclusas, retrasos interminables y una sensación permanente de abandono.
Mientras en otras regiones del país se consolidaban corredores estratégicos para el turismo, el comercio y la competitividad, en el sur del departamento seguíamos viendo cómo proyectos fundamentales avanzaban lentamente entre trámites, suspensiones y falta de voluntad política. El tiempo fue pasando y con él también crecieron los costos, las dificultades técnicas y, sobre todo, el cansancio ciudadano.
Porque detrás de cada obra retrasada no solo hay cemento y maquinaria detenida. Hay campesinos que tardan más en sacar sus productos, comerciantes que pierden oportunidades, familias que arriesgan su seguridad en carreteras deterioradas y municipios que ven frenado su desarrollo. Hay turistas que desisten de visitar nuestros destinos y jóvenes que sienten que su territorio sigue desconectado de las oportunidades.
Por eso, lo ocurrido durante las sesiones extraordinarias recientes de la Asamblea Departamental tiene un valor mucho más profundo que una simple aprobación presupuestal. Lo que se discutió allí fue el futuro del sur del Huila. Se discutió si el departamento seguía permitiendo que estas obras quedaran atrapadas en el abandono administrativo o si finalmente se tomaba una decisión responsable para garantizar su culminación.
Y es importante decirlo con claridad: no fue una aprobación automática ni una discusión superficial. Desde la Comisión Primera se adelantó un estudio riguroso, técnico y responsable sobre la necesidad de destinar recursos que permitieran avanzar en la finalización de estas obras estratégicas. Cada cifra, cada argumento y cada impacto fue analizado entendiendo que los huilenses no soportan más improvisaciones ni anuncios vacíos.
En medio de las sesiones extraordinarias hubo debates intensos, preguntas legítimas y exigencias claras frente a la ejecución de los recursos. Porque aprobar recursos públicos implica también una enorme responsabilidad con la ciudadanía. No se trata simplemente de autorizar partidas presupuestales; se trata de garantizar que esos recursos realmente se traduzcan en desarrollo, conectividad y oportunidades para la región.
Sin embargo, más allá de las diferencias políticas o de las posiciones particulares, terminó imponiéndose una verdad evidente: el sur del Huila no podía seguir esperando.
El Anillo Turístico del Sur representa mucho más que una vía. Es una apuesta estratégica para conectar municipios con enorme potencial turístico, cultural y económico. Municipios como San Agustín, Isnos, Pitalito y otros territorios del sur tienen una riqueza invaluable que merece estar articulada mediante infraestructura digna y competitiva.
Hablar de turismo en el Huila no puede limitarse únicamente a discursos institucionales o campañas promocionales. El turismo también depende de carreteras seguras, funcionales y modernas. Ningún territorio puede aspirar a consolidarse como destino nacional e internacional si sus visitantes deben enfrentarse a vías deterioradas o trayectos interminables.
Y ahí radica precisamente la importancia de culminar el Anillo Turístico del Sur. Porque esta obra tiene el potencial de dinamizar la economía regional, fortalecer el comercio local, generar empleo y consolidar una red de desarrollo para múltiples municipios.
Lo mismo ocurre con la vía Pitalito – Palestina, una conexión fundamental no solo para la movilidad regional sino también para la productividad agrícola y comercial del departamento. Durante años, miles de ciudadanos han tenido que convivir con las dificultades derivadas del atraso de esta obra. Retrasos que terminan afectando directamente la competitividad de una región que tiene enormes capacidades productivas.
El sur del Huila produce, trabaja y aporta al desarrollo del país. Pero también necesita que el Estado responda con obras concretas y no únicamente con discursos.
Por eso la aprobación de recursos en plenaria representa un paso importante. No significa cantar victoria anticipadamente ni desconocer los problemas que han existido durante la ejecución de estos proyectos. Significa asumir con responsabilidad que las obras deben terminarse y que el departamento no puede resignarse a dejar estructuras inconclusas como monumentos a la desidia institucional.
Durante demasiado tiempo, en Colombia nos acostumbramos a normalizar las obras eternas. Proyectos que comienzan con grandes anuncios pero que terminan atrapados entre sobrecostos, litigios, cambios contractuales y falta de gestión. Esa lógica le ha hecho muchísimo daño a la confianza ciudadana.
La gente ya no quiere discursos grandilocuentes. La gente quiere resultados.
Y justamente por eso era necesario actuar con responsabilidad durante las sesiones extraordinarias. Porque aplazar nuevamente las decisiones habría significado prolongar el atraso, aumentar los costos y seguir condenando al sur del Huila a esperar indefinidamente.
Desde la Comisión Primera se entendió que el debate debía centrarse en cómo garantizar la culminación de las obras y no en convertir estos proyectos en escenarios de confrontación política estéril. El desarrollo del departamento no puede depender de cálculos electorales ni de intereses particulares.
Cuando una vía estratégica se retrasa, pierde toda la región. Pierde el campesino que necesita sacar su café. Pierde el comerciante que depende del flujo turístico. Pierde el transportador que enfrenta mayores tiempos y costos. Pierde el estudiante que debe movilizarse entre municipios. Pierde incluso la confianza de los inversionistas que observan cómo las obras públicas avanzan lentamente.
Por eso la decisión tomada en plenaria tiene también un mensaje político importante: cuando existen proyectos estratégicos para el desarrollo regional, las instituciones deben actuar con visión de futuro y sentido de responsabilidad.
El sur del Huila tiene un enorme potencial turístico, agrícola y empresarial. Pero ese potencial necesita infraestructura. Ningún territorio despega únicamente con buenas intenciones. Las carreteras son desarrollo, competitividad y oportunidades.
Y aunque todavía queda mucho camino por recorrer, la aprobación de estos recursos permite recuperar algo fundamental: la posibilidad real de terminar obras que la ciudadanía lleva años esperando.
Ahora viene quizás el reto más importante: la ejecución eficiente y transparente de los recursos. Porque aprobar el presupuesto es apenas el comienzo. Los huilenses estarán atentos y tienen todo el derecho de estarlo a que las obras avancen, los cronogramas se cumplan y los recursos se administren correctamente.
La región necesita resultados visibles. Necesita maquinaria trabajando, tramos avanzando y compromisos cumplidos.
También será fundamental mantener la vigilancia institucional para evitar nuevos retrasos. El departamento no puede permitirse repetir errores del pasado. Cada peso invertido debe traducirse en progreso tangible para las comunidades.
El Huila merece obras terminadas y funcionales. Merece infraestructura que conecte territorios, fortalezca la economía y permita aprovechar todo el potencial turístico y productivo de la región.
Y particularmente el sur del departamento merece dejar atrás años de espera e incertidumbre.
Porque durante demasiado tiempo estas obras parecían condenadas al estancamiento. Hoy, gracias al estudio responsable adelantado en Comisión Primera y al respaldo otorgado posteriormente en plenaria, existe una nueva oportunidad para que estos proyectos finalmente lleguen a su culminación.
No se trata de triunfalismos. Se trata de entender que el desarrollo regional exige decisiones responsables, visión estratégica y compromiso institucional.
El reto ahora será demostrar que esta vez sí habrá resultados concretos.
Que esta vez las comunidades no volverán a escuchar promesas incumplidas.
Que esta vez el sur del Huila sí podrá avanzar por las vías del desarrollo que durante tantos años le han prometido.
“Porque el progreso no puede seguir detenido entre trámites y retrasos eternos. Y porque el sur del Huila ya esperó demasiado”.