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Por Eduardo Gutiérrez Arias

El departamento del Huila nace en el Macizo Colombiano, donde los majestuosos Andes se bifurcan para dar origen a las tres cordilleras del país y que, a su vez, sirve de nacimiento a cinco de sus más importantes ríos: el Magdalena, el Cauca, el Patía, el Putumayo y el Caquetá.

El Huila sigue el curso del río Magdalena y se prolonga hacia el norte, teniendo como límite en el occidente las cumbres de la cordillera Central, en cuyo recorrido encontramos los nevados del Puracé y el Huila. A su vez, el límite en el este está dado por la cordillera Oriental, de menor altura que la Central, pero igualmente imponente.

Estas dos cordilleras sirven de marco en nuestra región al Valle del Alto Magdalena, por cuya parte más baja corre raudo el río de la patria, que es alimentado por numerosos afluentes que se desprenden de las dos cordilleras y aumentan su caudal.

Pese a la abundancia de agua, la parte centro/norte del Huila es bastante seca. No gratuitamente allí queda el bosque seco tropical al que hemos llamado “Desierto de la Tatacoa”, con una extensión cercana a los 330 kilómetros cuadrados.

Infortunadamente, nuestros estamentos dirigentes no han entendido la importancia del agua para construir desarrollo en la región. Desde hace 50 años venimos hablando de grandes y medianos distritos de riego: Hobo/Campoalegre/Rivera/Neiva, Llanos de la Virgen (Garzón/Tarquí), Venado/Cabrera y Tesalia/Paicol.

El área irrigable de estos distritos llega a las 50.000 hectáreas y podría dar trabajo estable a 10.000 familias campesinas del departamento, en los marcos de una Reforma Agraria Integral, que la extrema derecha siempre ha obstaculizado.

Pero el solo Distrito del Quimbo, para sacarle a esta represa 33 metros cúbicos de agua con el propósito de irrigar una parte del norte del Huila y alimentar los acueductos urbanos del área metropolitana de Neiva (Hobo/Campoalegre/Rivera/Neiva/Palermo), que resolverían los problemas de agua potable para el 40% de la población huilense (cerca de 450.000 personas), continúa en el olvido.

En el Huila están dos de las grandes represas hidroeléctricas colombianas. Ellas inundaron 15.650 hectáreas de las mejores tierras que teníamos para uso agropecuario. Es una deuda que la Nación tiene con la región y que debemos reclamar como un derecho legítimo, mediante planes estratégicos como los mencionados anteriormente.

El Distrito de Riego El Quimbo, que provea el agua para el área metropolitana de Neiva e irrigación a 33.000 hectáreas de uso agropecuario, es una empresa que requiere alta inversión, ingeniería y organización. Tal vez el mejor método para realizar el proyecto sea a través de grandes inversionistas internacionales, como capitales chinos, franceses, españoles o norteamericanos, que lo construyan por concesión y cobren el servicio del agua a sus usuarios.

Así, este podría desarrollarse en los próximos 5 o 6 años. Queda la inquietud en manos del gobernador y del nuevo gobierno nacional.