Luis Felipe Narváez*
¡Oh, Marlon, estudiante, mi estudiante USCO! ¡Tú, que te movías por los pasillos de esta universidad, ahora un nombre en el viento! Mi vida, de repente, se ve envuelta en una espiral repetitivo, en un dolor inagotable que nos espanta y me deja inmóvil. Ante los hechos, mi energía se agota y se precipita en caída libre. No puedo decir más: me siento inútil, incapaz de alumbrar el desasosiego, incapaz de haber hecho algo para que tu vida hubiera sido larga, intensa, bella y plena. La sorpresa de la barbarie te lo arrebató, como a tantos otros que la memoria insiste en olvidar.

Nos hemos convertido, día a día, en tristeza, tragedia y olvido, una estrategia para sobrevivir a esta crisis civilizatoria que nos ha despojado de humanidad y de los más mínimos gestos de decencia.
*Docente USCO