Por Alfonso Vélez Jaramillo
He sido siempre defensor de cualquier mecanismo concertado que pueda aprovecharse y sea conducente a lograr la paz y la reconciliación de todos los colombianos.
Valga indicar que estoy entre las víctimas de la irracional violencia que históricamente sacude las fibras más sensibles de la sociedad colombiana.
Sin embargo, no guardo rencor ni odios, ni alimento retaliaciones contra nadie, mi ánimo es servir siempre.
Creo que debemos sacrificar muchas cosas para conseguir el objetivo de la paz y poseer siempre la paciencia para seguir en los caminos del diálogo.
Sin embargo, esa imperturbabilidad se trunca, todo tiene su tiempo y sus momentos, hoy se nubla el panorama cuando se perpetran atentados con saldo 18 personas muertas, policías y humildes trabajadores, y más 70 personas heridas.
Esto es pavoroso, lamentable y condenable desde todo punto de vista y no puede pasarse por alto.
Si se atreven a atacar la Escuela Militar de Aviación Marco Fidel Suarez, una de las más importantes y emblemáticas guarniciones militares del país, creo que estamos ante un descomunal e irracional enemigo.
Lo que veíamos muy claro y despejado y con optimismo está oscureciéndose. Ahora, con preocupación comenzamos a ver algo que antes no se podía advertir o entender fácilmente.
Estamos siendo llevados a un año electoral violento, solo comparable con la peligrosa y triste época del terrorismo de Pablo Escobar.
Las cosas empeoran en materia de orden público en el territorio nacional a menos de un año de terminar su periodo constitucional el Presidente Gustavo Petro.
Es perceptible que están “haciéndole mamola”, como diría Serpa, el desaparecido dirigente político. De nada ha servido la buena fe y la voluntad del mandatario para acercar al enemigo.
Este escenario debe conducir a recapacitar sobre las estrategias de dar mano suave, trato digno, lenguaje comedido y la eliminación de cualquier beneficio o designación de voceros en comités de paz, mientras persistan en la violencia.
Después de lo visto, zahiere que sigan nombrando como gestores de paz a quienes aún no han saneado su situación con la sociedad colombiana.
Atacar a la población civil utilizando armas no convencionales con saldo de muertos y muchos heridos, la destrucción de un helicóptero para erradicación de cultivos ilícitos y el asesinato de todos sus ocupantes, es la manifestación más terrible de que no hay nada que hacer mediante el diálogo en este gobierno.
Plausible el esfuerzo del presidente Petro por tratar de conseguir el objetivo con mano tendida, pero debe reconocerse que ya no le queda tiempo y tiene que cambiar la estrategia.
Seguro que si al Ejército se le permite realizar operaciones sin restricciones, se recobra el control del orden público en el territorio nacional, para obtener mejores condiciones de paz sin la posición dominante ni la humillación de los violentos.
Ojalá que el presidente Petro entienda que es un clamor nacional mostrarle dientes a quienes intimidan. Muéstrele los dientes Presidente.