Por Ever Verú Collazos
En Colombia, un "cafre" es una persona grosera, tosca o carente de modales. Dicho término se utiliza comúnmente para describir a alguien que actúa con salvajismo o que es imprudente, agresivo, rudo, grosero, descortés o bruto. El término proviene originalmente del árabekafir (infiel o no creyente), el cual se transformó durante la colonización europea y adquirió un sentido despectivo para referirse a personas consideradas "incivilizadas". Y desafortunada, lamentable y tristemente, es esa la manera en que precisamente trata y se refiere el candidato Abelardo de la Espriella a quienes le dieron el voto en la contienda electoral de la primera vuelta presidencial.
“Pa’ dónde va Vicente, pa’ dónde va la gente”, reza un viejo adagio popular. Término que se usa para describir a quienes carecen de criterio propio y simplemente imitan lo que hacen o dicen los demás. Pues bien, sin herir susceptibilidades, bien lo decía alguien por ahí: “¿Qué podemos esperar de una sociedad en su gran mayoría ignorante, inculta, que nunca se ha leído un libro, que se deja llevar por la corriente, que camina como burro al matadero, comparado con el pollo que va directo al asadero, convencido de que lo invitaron a una celebración a dar vueltas en la rueda, a sabiendas de que lo van a sacrificar y comérselo?”.
Alguien más decía, con mucha realidad, que la mayoría de quienes apoyan a este tipejo son pobres, que creyendo que al votar por la ultraderecha van a salir de pobres. Pues siendo así, no son solamente pobres, también son unos pobres ignorantes, y es totalmente cierto. En mi caso diría que son pobres no simplemente económicamente, sino pobres de conocimiento, de cultura, de política, pobres en educación, en conocimiento democrático y mucho más por aprender, desafortunadamente, aunque uno no se las sabe todas.
Un país en su mayoría católico, que vota por un payaso que se manifiesta abiertamente ateo e incrédulo, que niega la existencia de Dios. Un tipejo que, con mucha gracia, sigue celebrando que asesinaba gatos solo para complacerse viéndolos morir. Un tipo que desprecia la comida colombiana, que es misógino, machista, grosero, atarban, déspota, humillativo, vanidoso, vulgar, que ha defendido a criminales, a mafiosos, vinculado a lavado de dineros, que está involucrado con delincuentes, que amenaza con destruir el medioambiente mediante la práctica del fracking, sin importarle en absoluto la naturaleza. Un tipo que amenaza con acabar los programas sociales, un tipejo que insulta y agrede, que payasea, que no entiende de democracia, que no conoce de política, que nunca ha estado inmerso en ella, que no tiene propuestas concretas para dirigir la nación, únicamente convence a muchos con su slogan populista “Firmes por la patria”. Un tipo que desprecia la vida.
Un tipo que se muestra como exitoso empresario, pero que, contrariamente, sus tales empresas de fachada están en la quiebra. Entonces uno se pregunta: ¿cómo ha adquirido tanto dinero como el mismo pregona a viva voz? ¿Acaso de manera fraudulenta? Pero además, lean la hoja de vida para que se enteren quién es el señor de la Espriella: abogado de los paramilitares en San José de Ralito, con un padre notario que legalizó bienes del señor Salvatore Mancuso, abogado de narcotraficantes y estafadores a los cuales ha estafado. ¿Cómo les parece? Estafador de narcotraficantes. Y para que no le demos vueltas a esto y decirlo con absoluta claridad: el señor de la Espriella representa el fascismo, pero el fascismo mafioso, a quienes los “cafres” de este país, como él los llama despectivamente, son quienes acuden masivamente a votar por él, precisamente porque son carentes de conocimiento general, de cultura, de política, pobres en educación, en conocimiento democrático y mucho más por aprender, desafortunadamente.
Colombia no puede regresar al pasado. El cambio tiene que continuar. No podemos regresar al paramilitarismo. No podemos permitir que los beneficios sociales que han adquirido la mayoría de los más necesitados de la nación retrocedan: el subsidio digno a los más de tres millones de viejos del país, el sueldo básico justo a los empleados, la dignificación del sueldo a los integrantes de las fuerzas militares, el sueldo a los aprendices del Sena, la pensión a las madres comunitarias, la recuperación de la mesada catorce a muchos pensionados, la universidad pública gratuita, la reforma agraria que, a pesar de haberla querido aprobar este gobierno, con todas las trabas y oposiciones políticas, la centroderecha en el Congreso se ha opuesto rotundamente por intereses personales, familiares y mezquinos. Pero que, con todo y eso, sigue avanzando a pasos agigantados, entregando tierras y títulos inmobiliarios a los campesinos más necesitados de la nación.
Debemos continuar en la búsqueda de una verdadera reforma a la salud y así evitar que, con el negociado de las EPS, se sigan robando el erario público y continúen matando a los pacientes en salud. En la protección al medio ambiente, la igualdad y la equidad de género, entre muchos otros beneficios y derechos constitucionales adquiridos en este gobierno. El progresismo debe continuar por el bien de la nación, y por dicha causa debemos elegir a Iván Cepeda como nuestro próximo presidente. Una persona preparada, idónea, un gran ser humano, un profesional, un filósofo que conoce muy a fondo la problemática del país y con ello avance nuestra nación en la búsqueda de una sociedad más equitativa, justa e igualitaria. Piensa en Colombia, en el medio ambiente, en justicia social y en la vida misma.