Por Eduardo Gutiérrez Arias
El título de este artículo es el nombre en inglés del movimiento “ REYES NO”, que se ha levantado en Estados Unidos contra el presidente Donald Trump y que el pasado sábado 18 de octubre lleno las calles de las principales ciudades norteamericanas en protesta contra el autoritarismo, la segregación racial y la discriminación económica del actual presidente, que amenaza la estabilidad del país. Es un gran movimiento de los trabajadores norteamericanos, los estudiantes, los intelectuales, los movimientos LGTBI y feministas, los latinoamericanos, las negritudes y en general los inmigrantes que han sentido el peso de la discriminación y la persecución, la violación de los derechos humanos, el cercenamiento de los derechos democráticos y en general el irrespeto con normas esenciales de la constitución política de la nación aprobada desde 1787 que entró a regir en 1789.
Son más de 4.000 ciudades y pueblos de E.U. donde se han dado manifestaciones de protesta contra las políticas de Trump que comenzaron con la celebración del día del trabajo, el primero de mayo y han continuado desarrollándose y creciendo en multitud en las últimas semanas al punto de que algunos analistas estiman en 30 millones el número de participantes.
Esto es portentoso para una nación de 340 millones de personas, pues significa que cerca del 10% de su población está saliendo a protestar en las calles. Ahora los aporreados por el ejército y la policía no son solamente, los inmigrantes, los negros y los colectivos de defensores de derechos humanos, sino muchos norteamericanos demócratas, incluso algunos del propio partido republicano hastiados del despotismo de Trump, que también reclaman su salida del poder.
Estados Unidos es un imperio que se ha involucrado en casi todas las guerras del mundo en los últimos doscientos años. Su constitución de Filadelfia de 1787, aprobada después del triunfo de la revolución independentista contra el Reino Unido y que con algunas reformas se mantiene vigente, creo un régimen de democracia burguesa, en donde la esclavitud sólo se abolió en 1863 con el triunfo de los demócratas liderados por Abraham Lincoln. Buena parte de sus guerras internas han sido contra los pueblos aborígenes (Sioux, Iroqueses, Cherokee, Cheyenne, Comanches, etc.) a los que casi exterminan.
A pesar de ser un imperio cuyo patio trasero es Latinoamérica a la que consideran propia desde la doctrina Monroe: “américa para los americanos”, a su interior se mueven fuerzas políticas de verdad democráticas como aquella que dirige el senador Bernie Sanders. Infortunadamente, la inmensa mayoría de esas fuerzas se encuentra incrustadas en el partido Demócrata, que, aunque con matices diferentes al Republicano, sigue siendo un partido que protege el modelo imperialista.
Las crisis periódicas del capitalismo han sido causas de guerras y especialmente de las dos grandes guerras mundiales. Hoy el capitalismo está en crisis y la extrema derecha neonazi quiere a través del nacionalismo, el incremento de aranceles y las guerras regionales, ampliar sus mercados y revivir el sistema. Para detener esa violencia y esas guerras, hace falta el pueblo norteamericano.