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Eduardo Gutiérrez Arias

Los regímenes autoritarios y despóticos, dirigidos por un caudillo de extrema derecha del tipo de Benito Mussolini en Italia, Adolfo Hitler en Alemania y Francisco Franco en España en el siglo pasado, caracterizados por un nacionalismo primitivo, el desconocimiento de la democracia pluralista, la negación de los derechos a la oposición y el manejo del poder en beneficio exclusivo de los monopolios y del gran capital transnacional, han regresado con fuerza en el mundo, imponiendo gobiernos como los de Víctor Orbán en Hungría, Benjamín Netanyahu en Israel, Donald Trump en Estados Unidos, Nayib Bukele en El Salvador, Javier Milei en Argentina, Daniel Noboa en Ecuador y Rodrigo Paz en Bolivia. Para completar el oscuro panorama en Suramérica, las reñidas y recientes elecciones en Perú y Colombia, al parecer, fueron ganadas por los candidatos de la extrema derecha Keiko Fujimori y Abelardo de la Espriella.

Aunque las fuerzas de izquierda y el progresismo democrático se han fortalecido en toda Latinoamérica, la derecha ha logrado unificar los gremios del gran capital y atraer a fuerzas políticas del centro para poder triunfar contra la izquierda en buena parte de los países de la región. A esto se suma, en el último periodo, el apoyo decidido del gobierno de Donald Trump y de la derecha europea, junto al poder que les otorgan los grandes medios de comunicación de masas en la región, para alcanzar con la desinformación, la manipulación y las mentiras limitados triunfos electorales, en los que el verdadero vencedor es el imperio, que sigue manejando a su antojo su patio trasero.

Ahora, los nuevos presidentes o nacieron en Norteamérica, como Daniel Noboa; o tramitaron y se les aprobó su cédula de ciudadanía estadounidense, como Abelardo de la Espriella; o contrajeron matrimonio con un norteamericano, como Keiko Fujimori. De esta manera, la metrópoli puede tener virreyes para un manejo más confiable de las neocolonias.

Los pueblos latinoamericanos, que llevamos más de 200 años intentando construir democracias verdaderas, tendremos que fortalecer los mecanismos de unidad política, tanto continentales como nacionales, para poder alcanzar nuestras metas de libertad y progreso para todos. En el caso colombiano, es necesario que la dirección provisional del Pacto Histórico expida una resolución de convocatoria del Congreso Fundacional del Partido, que las afugias de la actual campaña electoral no nos han permitido realizar, para aprobar el programa, los estatutos, la línea política y elegir direcciones democráticas desde los municipios hasta el nivel nacional. El partido debemos construirlo desde los comités de base hacia arriba, hasta los órganos de dirección nacionales. Pero recordemos que la lucha por la democracia no es solamente de la izquierda, sino también de otras fuerzas políticas progresistas, con quienes tenemos que crear el Frente por la Vida, para impedir que se destruyan las conquistas sociales y democráticas con su capacidad movilizadora.