Eduardo Gutiérrez Arias
Es verdaderamente aterrador que el pueblo judío, después de soportar el holocausto al que lo sometió el nazismo en la segunda guerra mundial y en cuyos campos de concentración fueron sacrificados alrededor de seis millones de su población por el único delito de su origen racial, ahora, después de creado el Estado de Israel, esta nación desate la guerra contra sus vecinos, Palestina y El Líbano y los someta a las mismas prácticas que ellos recibieron del régimen nazi bombardeando barrios, aldeas, escuelas con niños y hospitales con enfermos.
Desde el 7 de octubre de 2023 cuando iniciaron las operaciones militares de Israel contra Palestina, cerca de 100.000 habitantes de la Franja de Gaza han muerto en la campaña de aniquilamiento del sionismo judío, el 70% de las cuales son mujeres, ancianos y niños. La ONU registró recientemente un total de 22.000 infantes muertos en el curso de esta guerra que, aunque tiene como protagonistas fundamentales a Estados Unidos e Irán, no puede desconocerse el papel de chispa incendiaria que ha cumplido el gobierno israelita en la promoción del conflicto, usando la gran influencia del sionismo en la extrema derecha del Partido Republicano en Norteamérica.
Cuando el periodista y escritor austrohúngaro Theodor Herzl publicó su libro “El Estado Judío” en el año 1896 y un año después organizó el Primer Congreso Sionista en Basilea, promoviendo la idea de un Estado Judío, este pueblo ya llevaba 1.800 años de vivir en la diáspora y sus descendientes tenían comunidades organizadas en Europa, América y el Asia Menor.
En casi 4.000 años de desarrollo histórico, los judíos y su religión han demostrado una gran adaptabilidad. En su encuentro con las grandes civilizaciones como la babilónica, la egipcia, la persa, la griega, la romana y en los últimos tiempos con los grandes imperios capitalistas como Inglaterra y EE. UU, asimilaron elementos extranjeros y los integraron en sus propios sistemas sociales y religiosos.
Esto se refleja también en la existencia de un buen número de intelectuales e investigadores que, teniendo raíces judías, le han aportado al desarrollo de la civilización humana en diferentes campos de las ciencias como Baruch Espinoza, Carlos Marx, Sigmund Freud, Albert Einstein, Robert Oppenheimer, Frank Kafka, León Trotsky, Woody Allen, Yuval Noah Harari y Noam Chomsky. Todos tuvieron una concepción humanista de la vida y habrían expresado su repudio contra el actual genocidio en Gaza.
El sionismo no involucra a todo el pueblo judío. Esta corriente política abarca sólo a una élite de privilegiados y grandes magnates de la banca que muy ligados actualmente al imperio norteamericano, se ha convertido en su furgón de cola.
De hecho, cuando en 1948 se creó el Estado de Israel en un acuerdo de las naciones triunfadoras en la segunda guerra mundial como una forma de compensarlos por el holocausto nazi, a su tierra prometida llegaron de todas las corrientes ideológicas en que se dividía el pueblo judío incluidos los socialistas, muchos de los cuales fueron los principales impulsores de las cooperativas agrícolas o kibutz que tanto han contribuido a su desarrollo económico.