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 Escrito por Wilfred Trujillo Trujillo*

En el Huila la salud dejó de ser una conversación de expertos y se volvió tema cotidiano. Se siente en la fila de urgencias que no avanza, en la cita que se posterga, en el traslado que se aplaza una y otra vez. No hablamos de un problema abstracto, hablamos de historias con nombre propio que llenan pasillos, ponen a prueba a los equipos clínicos y desgastan la paciencia de las familias.

 

El dato más crudo está en Neiva. El Hospital Universitario Hernando Moncaleano Perdomo, referente de alta complejidad, reportó sobreocupación de urgencias y una cartera que lo asfixia. En julio la ocupación alcanzó el 152% con 109 camillas disponibles, y la deuda de las EPS con el hospital llegó a 442.508 millones de pesos. Entre las mayores deudoras aparecen Nueva EPS, Asmet Salud y Sanitas, y aún pesan obligaciones heredadas de EPS liquidadas. Esto no es un rumor, son cifras oficiales conocidas por la opinión pública y por las autoridades locales.

 

Si miramos hacia el sur, el Hospital Departamental San Antonio de Pitalito carga con otro peso. A marzo la deuda por cobrar a las EPS superaba los 129.000 millones de pesos, una cifra que golpea la oportunidad en servicios esenciales y reduce el margen de maniobra para gerenciar. Al final, el problema es financiero, pero su consecuencia es profundamente humana, porque detrás de cada cuenta sin pagar hay una cirugía reprogramada, un examen que se demora, una remisión que no llega a tiempo.

 

El contexto nacional ayuda a explicar el ahogo local. La Asociación Colombiana de Hospitales y Clínicas estimó en 24 billones de pesos la deuda con hospitales y clínicas a junio de 2025, un salto frente a diciembre de 2024 que se concentra en pocas aseguradoras. El Ministerio de Salud ha reconocido además pasivos cercanos a 32,9 billones que afectan la atención, los tiempos y la continuidad de los tratamientos. En un departamento como el nuestro, con picos estacionales de enfermedades respiratorias y con dengue que crece en temporada de lluvias, esa lentitud se convierte en barrera real para la vida.

 

A lo anterior se suma la inestabilidad de grandes jugadores. Nueva EPS, la aseguradora con más afiliados del país, ha estado bajo vigilancia y auditorías financieras. Mientras no se estabilice la operación de quienes concentran millones de usuarios, los hospitales del Huila reciben el golpe primero y pagan el costo después. La cadena de pagos se corta en el nivel más frágil y allí está el personal de salud sosteniendo turnos y respondiendo con lo que tiene.

 

En Neiva, la Clínica Belo Horizonte anunció que desde el 1 de diciembre de 2025 dejará de atender a afiliados de la Nueva EPS por incumplimientos de pago; la Secretaría de Salud del Huila advirtió que serían más de 98 mil usuarios en Neiva y 123 mil en el departamento, y que la red perdería cerca de 100 camas si no hay acuerdo, además desmintió que exista un nuevo pacto entre la EPS y la clínica. La medida se evalúa mientras la intervención de la Nueva EPS, ordenada por la Superintendencia, fue prorrogada este año por persistencia de problemas financieros y operativos. 

 

Un sondeo con datos recientes muestra cómo están las demás EPS en su relación con los prestadores del departamento; a corte de julio de 2025, en el Hospital Universitario las mayores deudoras eran Nueva EPS con 115.763 millones, Asmet Salud con 43.423 millones, Sanitas con 37.234 millones, la Asociación Indígena del Cauca AIC con 30.623 millones y Famisanar con 6.519 millones, mientras que en mayo Asmet Salud giró 21.000 millones y Nueva EPS abonó 1.200 millones, pagos puntuales que alivian en el margen sin resolver la presión sobre los servicios.

 

Frente a este panorama conviene mirar la respuesta institucional con tres preguntas claves que ayudan a evaluar avances; ¿qué información está disponible y con qué periodicidad se actualiza?, la ciudadanía necesita saber con claridad la situación de la EPS a la que están afiliados; ¿qué alivios inmediatos se están aplicando en urgencias y en los traslados?, una ocupación que supera la capacidad no se resuelve con comunicados; ¿qué ocurre cuando se incumplen los compromisos?, el marco legal ofrece herramientas de inspección, vigilancia y sanción que no deben quedarse en el papel. 

 

Estas medidas no eximen a nadie. Las EPS deben pagar a tiempo y garantizar redes suficientes en el territorio. ADRES y el nivel central tienen que cumplir giros y destrabar mecanismos de flujo. Las gerencias hospitalarias deben optimizar procesos, vigilar compras y cuidar cada peso. Desde el control político y social debemos sostener el foco en resultados, menos días de espera, más autorizaciones a tiempo, reducción sostenida de la cartera y alivio medible en urgencias. Habrá discusiones técnicas sobre la reforma y sobre el rol de la intermediación, pero mientras tanto el paciente no puede esperar.

 

Conviene recordar que la prevención también es parte de la solución. Si fortalecemos el primer nivel, si llevamos más médicos de familia a barrios y veredas, si aseguramos disponibilidad de medicamentos esenciales y educamos en señales de alarma, evitamos que las urgencias colapsen. Cada consulta resuelta a tiempo en la periferia es una cama que no se ocupa en Neiva, una ambulancia que no tiene que cruzar el departamento, un profesional que puede concentrarse en la alta complejidad.

 

El Huila tiene cómo salir adelante. Nuestros hospitales y clínicas han construido prestigio por décadas. Hay talento, hay vocación y hay comunidades que no bajan los brazos. Lo que exigimos es simple y profundo al mismo tiempo, que los recursos fluyan, que los tiempos se respeten, que el sistema recuerde que detrás de cada autorización hay una persona que sufre, que espera, que confía.

 

Cierro con una invitación que se vuelve compromiso. A las EPS, a ponerse al día sin dilaciones y a responder con oportunidad. Al Gobierno Departamental, a encender el tablero público y liderar el plan de choque con metas claras y seguimiento abierto. A la Asamblea, a ejercer control con lupa y a acompañar soluciones con presupuestos y decisiones serias. A los gerentes, a mantener abiertos los datos y los canales con la gente. A la ciudadanía, a exigir con respeto y con evidencia.

 

Nadie debería medir su esperanza por el número de veces que marca a una línea de autorizaciones. En el Huila la vida no puede seguir esperando turno.

 

*Diputado Asamblea del Huila