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Wilfred Trujillo Trujillo
Diputado Asamblea del Huila

Una vez más, el sur del Huila vuelve a ser protagonista de una historia que merece nuestra atención. Esta vez, desde Acevedo, un municipio que demuestra que en nuestras montañas se cultiva mucho más que café: se cultiva conocimiento, tradición, esfuerzo y una capacidad extraordinaria para competir con el mundo.

La noticia tiene un protagonista internacional: el barista chino Pan Wei, quien obtuvo el título de campeón mundial de barismo 2026, en Panamá. En su presentación utilizó un café Geisha producido en la finca Las Flores, ubicada en Acevedo, Huila. Un café nacido en nuestras tierras que llegó a una competencia de talla mundial y contribuyó a una presentación ganadora.

Y aunque deberíamos detenernos a celebrar este reconocimiento, también es necesario hacernos una pregunta: ¿cómo es posible que un producto cultivado en nuestras montañas llegue a conquistar escenarios internacionales y, al mismo tiempo, nuestros caficultores sigan enfrentando tantos desafíos para obtener mejores oportunidades económicas?

Esta historia tiene un significado que va mucho más allá de una medalla o un campeonato. Nos habla del potencial que tiene el Huila, de la calidad de nuestros productos y de la capacidad de nuestros productores para abrirse camino en mercados cada vez más exigentes.

Pero también nos pone frente a una realidad que no podemos ignorar: producir un café extraordinario no necesariamente significa que toda la riqueza de ese producto se quede en el territorio donde nace.

El Huila tiene el café, tiene la calidad y tiene el talento. El desafío está en construir las condiciones para que ese reconocimiento se convierta en desarrollo para nuestra gente.

Durante décadas, la caficultura ha sido uno de los pilares de la economía huilense. Detrás de cada cosecha hay familias que dependen de la tierra, trabajadores que recorren las montañas, pequeños productores que enfrentan las dificultades del clima y los costos de producción, y generaciones enteras que han hecho del café una forma de vida.

En municipios como Acevedo, Pitalito, Palestina, San Agustín, Isnos y otras poblaciones del sur del departamento, el café no es solamente una actividad económica. Es parte de nuestra identidad, de nuestras costumbres y de la manera como nos relacionamos con el territorio.

Por eso, cuando un café de Acevedo llega a una competencia mundial, no estamos hablando únicamente del éxito de una finca. Estamos hablando de lo que puede conseguir una región cuando tiene condiciones para producir con calidad, innovar y conectarse con el mercado internacional.

Sin embargo, hay una discusión que debemos empezar a dar con mayor seriedad: ¿por qué seguimos concentrando buena parte de nuestros esfuerzos en producir, cuando también tenemos la posibilidad de transformar, comercializar y posicionar nuestro café?

No se trata de desconocer el trabajo que durante años han realizado los caficultores, las asociaciones, las cooperativas y las instituciones que acompañan al sector. Se trata de reconocer que el siguiente paso debe ser más ambicioso.

Necesitamos fortalecer los procesos de transformación del café en nuestro propio departamento. Necesitamos más emprendimientos que desarrollen productos derivados, más espacios de comercialización directa, mejores conexiones con compradores internacionales y estrategias que permitan que el consumidor conozca el origen de lo que está tomando.

También necesitamos que nuestros jóvenes encuentren en la caficultura una oportunidad de emprendimiento, innovación y crecimiento. Que quedarse en el campo no signifique renunciar a sus aspiraciones, sino encontrar posibilidades reales para construir un proyecto de vida.

La experiencia de la finca Las Flores nos permite entender que el café del Huila tiene posibilidades en segmentos especializados, donde la calidad, el origen, los procesos de producción y la historia detrás de cada taza adquieren un valor particular.

Pero ese reconocimiento necesita convertirse en una apuesta colectiva. No podemos depender únicamente de que un productor consiga llevar su café a una competencia internacional. Debemos construir un ecosistema que facilite que muchas más familias puedan acceder a esas oportunidades.

Aquí también aparece una responsabilidad institucional. Los gobiernos locales, la Gobernación, las entidades del sector cafetero, las universidades y los actores privados tienen mucho por aportar. La articulación debe ir más allá de los encuentros, los discursos y las fotografías en las ferias.

Necesitamos formación especializada, investigación, innovación, infraestructura, acompañamiento empresarial y estrategias de internacionalización. Necesitamos conectar la producción con el turismo, la gastronomía y las experiencias alrededor del café.

¿Por qué no pensar en Acevedo y el sur del Huila como destinos donde el visitante pueda conocer el proceso del café, recorrer las fincas, aprender sobre sus variedades y experimentar de primera mano lo que significa producir un café de especialidad?

¿Por qué no fortalecer una oferta turística que conecte nuestras montañas, nuestra cultura cafetera y nuestra riqueza natural?

Tenemos municipios con historias que contar, paisajes que mostrar y productos que pueden conquistar nuevos mercados. Lo que necesitamos es dejar de ver estas oportunidades de manera aislada y empezar a construir una visión regional.

El café puede ser una puerta para dinamizar otros sectores de nuestra economía. Puede generar empleo, impulsar pequeños negocios, fortalecer el turismo rural y abrir nuevas posibilidades para los jóvenes y las familias campesinas.

Por supuesto, no podemos desconocer las dificultades que enfrenta el sector. Los costos de producción, la variabilidad climática, la disponibilidad de mano de obra, los precios internacionales y las condiciones de comercialización siguen siendo preocupaciones fundamentales para quienes viven de esta actividad. El reconocimiento mundial no resuelve automáticamente esos problemas.

Precisamente por eso debemos aprovechar estas noticias para poner sobre la mesa las conversaciones que realmente importan. No basta con celebrar que nuestro café llegó lejos; debemos preguntarnos qué hace falta para que nuestros productores también puedan llegar más lejos.

Lo ocurrido en Acevedo debería servirnos para mirar nuevamente hacia el sur del Huila y reconocer que tenemos una riqueza que todavía podemos aprovechar mucho más. No podemos acostumbrarnos a que nuestras grandes historias sean reconocidas primero afuera, mientras nosotros apenas empezamos a dimensionar su importancia.

Hoy celebramos a Pan Wei, a Jhoan Vergara, a la finca Las Flores y a todas las familias cafeteras que hacen posible que el nombre del Huila siga recorriendo el mundo.

Pero, sobre todo, debemos celebrar la capacidad de nuestra gente para demostrar que desde un municipio del sur del departamento se pueden alcanzar escenarios internacionales.

El mundo ya está probando nuestro café. Ahora nos corresponde preguntarnos si estamos preparados para transformar ese reconocimiento en oportunidades, desarrollo y bienestar para quienes lo producen.

Porque el verdadero éxito de nuestro café no debería medirse solamente por los premios que consiga en el exterior, sino también por la calidad de vida de las familias que lo cultivan en nuestras montañas. Y esa es una conversación que el Huila no puede seguir aplazando.