Por Eduardo Gutiérrez Arias
Al finalizar el Pacto Internacional del Café, hace 35 años, dando paso a la libre concurrencia en el mercado, por decisión de los grandes consumidores, los estudios de competitividad adelantados para examinar la capacidad de adaptación nacional, mostraron que los departamentos del eje cafetero (Caldas, Risaralda y Quindío) junto a Antioquia y El Valle, eran los mejor preparados para competir en las nuevas condiciones de un mercado libre. En ellos predominaba la mediana y gran hacienda cafetera (entre 20 y 300 hectáreas), tenían mejores vías de comunicación, estaban más cercanos a los puertos de embarque y la productividad por hectárea era superior.
Hoy la caficultura colombiana muestra un panorama muy diferente a cuanto previeron los estudiosos del tema. El Huila, que ocupaba un lugar intermedio entre los departamentos productores, pasó a ser el primero con 145.500 hectáreas sembradas, el 19% de la producción nacional y el Sur Colombiano con los departamentos del Tolima, Huila, Cauca y Nariño se convirtió en el nuevo eje cafetero del país, con más del 49% de la producción.
¿Qué había pasado? La finalización del pacto de cuotas produjo una gran crisis y una prolongada caída en los precios del café pergamino. La gran hacienda cafetera, con elevados costos laborales y obligada a altas inversiones para renovar cultivos más resistentes a plagas y enfermedades como la broca y la roya y mantener una buena productividad, no resistió la crisis y fue optando por hacer reingeniería hacia otros sectores económicos como el turismo, el plátano y las frutas. Los cafeteros del Sur, el 90% de los cuales tienen áreas sembradas inferiores a 5 hectáreas, cuya fuerza laboral fundamental es la mano de obra familiar, y que normalmente complementan sus ingresos con la venta de su fuerza de trabajo en los periodos de menor actividad en la finca, pudieron resistir con mayor facilidad a la crisis. Les ayudó mucho estar ubicados en la zona de influencia del Macizo Colombiano, cuyas condiciones edáficas y climáticas presentan ventajas excepcionales para el cultivo del café arábica, pero también por la tenacidad, disciplina y constancia para persistir en este renglón productivo, introduciendo cambios tecnológicos para mejorar la producción, elevar la calidad del producto con los cafés especiales, resistir al cambio climático y desarrollar procesos amigables con el medio ambiente.
Los cafeteros del sur, entendieron que sin una buena asociatividad gremial y empresarial, no podrían salir adelante en sus propósitos. El apoyo del gremio e instituciones como la Gobernación y el Sena, han sido parte esencial de su éxito. Hoy son el modelo que el Huila debe seguir para que, en otros renglones agropecuarios, los campesinos alcancen la competitividad que exige un mundo globalizado. Proyectos como la Universidad del Café en Pitalito, son esenciales para continuar en estos cambios regionales.