Un país como el nuestro que ha vivido la mayor parte de su historia en publicaciones de conflicto, sin pasar nada, las fiestas los eventos y las cosas para mostrar e impulsar, siempre estarán supeditadas a los medios de comunicación y las redes sociales, con la propuesta de mostrar, el resto no importa.
Noticias diarias nuestras o de países lejanos, muestran actos terroristas alucinando a una comunidad que la réplica como cierta, donde lo que importa es vender así sea el miedo a costillas de los consumidores, que, en últimas, somos los verdaderos consumidores víctimas, porque termina nuestra economía, pagando el pato.
Esta época sampedrina, no fue la excepción, la policía que entre otros son los unos que están entrenados para defendernos, a duras penas se defienden ellos, parapetados en vallas muros paredes y huecos, por las amenazados, de un día a día, de noticias donde no pasa nada, a costillas de los medios que las mantienen vendiendo amenazas, mientras la sociedad civil, se envuelve entre exponerse a lo mismo a perder sus oportunidades con una falta de civismo e intolerancia aprendidos de los propios medios y convertidos en amenaza y riesgo.
En realidad, toda esta suma y resta, merma el turismo la confianza inversionista, la fe, las ganas, el aprender a vender y eso no lo enseñan en la escuela, la cárcel, el cementerio o el hospital, todo esto está al alcance de la mano por los noticieros que consumimos en medio de un sancocho de las redes, con tragedias y escándalos a cada minuto, que tiene la modalidad que, si no es en nuestro, lo importamos y si no existe, también no la inventa.