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Por Ever Verú Collazos

 

Nunca pierdo la oportunidad de revictimizarme, mientras causo daño y violencia en toda la región del medio oriente, especialmente a mis vecinos Palestinos, que me acogieron por un mandato impuesto y arbitrario de la llamada comunidad internacional representada por la recién creada  ONU en 1945. Nunca he elegido la paz, solo la dominación.


El 14 de Mayo de 1948, las Naciones Unidas, por mandato de Estados Unidos, me entregaron más de la mitad de las tierras de los Palestinos.  Un regalo de potencias coloniales que no eran sus dueñas. Acepté. Mis vecinos se opusieron. Lo llamé guerra, y en el caos, comencé la limpieza étnica en el mismo año, 1948. Más de 700.000 palestinos fueron expulsados de sus hogares, algunos huyeron, sí, pero muchos fueron forzados a salir a punta de pistola, sus aldeas arrasadas y  sus nombres borrados.


Luego planté pinos sobre las ruinas que ocasioné para ocultar el recuerdo. Bosques donde antes había casas, parques sobre cementerios. Lo hice verde para que el mundo no viera la oscuridad que había debajo. Lo llamé «reforestación». Ellos los Palestinos lo  llamaron (Nabka) catástrofe.


Soy Israel. En 1967, lancé una guerra “preventiva”(invasiva y colonizadora digo pa mis adentros),  me apoderé de Gaza, Cisjordania, Jerusalén Este, los Altos del Golán y el Sinaí. Afirmé que era por seguridad. Me aferré a ella por poder. Construí asentamientos, uno a uno, asfixiando pueblos palestinos. El derecho internacional lo declaró ilegal, pero lo  ignoré pues me da igual, siempre hago lo que se me da la gana. Mi mapa se expandió;  su libertad se redujo aún más.


Soy Israel. Podría haber puesto fin a la ocupación en muchas ocasiones, pero siempre me opuse y respondí que no.


En el año 2000, en Camp David Estados Unidos, propuse y ofrecí un mosaico de enclaves desconectados, rodeados de muros, puestos de control y soldados por doquier. Lo llamé paz. Los palestinos se marcharon y como consecuencia favorable a mis intereses los llamé extremistas. Seguidamente  construí un muro, no en mi frontera, sino en lo profundo de la suya y lo llamé seguridad. Ellos lo llamaron robo con toda la justificación y realidad.


Soy Israel. Glorifico el militarismo. Crío a mis hijos para que crean que son elegidos, y además les inculco el odio extremo hacia un pueblo que nos acogió pacíficamente cuando éramos parias  de este mundo, (seres humanos marginales, explotados, invisibilizados como integrantes decisivos de la sociedad, estigmatizados por la marca del desprecio, condenados a la humillación y el escarnio por parte de los Nazis).


Mis libros de texto borran a Palestina por completo. Mis soldados patrullan las calles con rifles apuntando especialmente a los adolescentes, a las mujeres y a los ancianos, los más vulnerables de la sociedad. Mis medios informativos, y la mayoría internacionales, justifican los bombardeos, la destrucción, el terror y el genocidio. Mis políticos bromean cínicamente sobre arrasar Gaza, pero en el fondo es una política e iniciativa de Estado, planeada y calculada macabramente.


Envío ataques aéreos a campos de refugiados, escuelas y hospitales; luego me trato de excusar diciendo  que eran escudos humanos, y todo sigue igual o mejor para nosotros, pero cada día peor para los Palestinos.


Soy Israel. Elegí a  Benjamín Netanyahu  el Herodes del siglo XXI, para llevar a cabo el siniestro plan,  y lo elegiré una  y otra vez, cuanto sea necesario para llevar a cabo y concluir mí plan expansionista y colonizador en la región. 


Ni una sola vez por error, sino a sabiendas y muy conscientemente, voté por líderes que prometieron aplastar a los palestinos, expandir los asentamientos y nunca permitir por nada del mundo, la creación de un Estado Palestino. Mis ministros hablan de "los árabes" como una amenaza demográfica. Mis colonos arrasan, queman olivos y atacan a muerte despiadadamente a los Palestino en su propia tierra. Mis turbas corean "¡Muerte a los árabes!". Yo como Estado terrorista y genocida, lo llamo patriotismo y derecho a defenderme.


Soy Israel. Hablo de democracia, pero se la niego a millones de personas bajo mi control, en toda la región  del medio oriente.


Gobierno sobre millones de personas, que no pueden votar en el país que controla sus vidas. Construyo carreteras por las que no pueden circular libremente los Palestinos. Les expido, exijo y les impongo permisos,  para trabajar, para moverse, hasta para respirar y tratar de sobrevivir. Bombardeo y destruyo Gaza al máximo, la tomo prisionera, luego la bloqueo, y digo que es culpa suya. Digo que abandonaré  Gaza una vez  expulse y liquide a Hamás, pero mientras tanto, continuo expandiéndome, colonizando, y controlando  su aire, su mar y sus fronteras en todo el territorio Palestino. Digo hipócrita y cínicamente que son libres, y entre tanto  los dejo morir por falta de atención medica básica, de sed y de hambre.


Soy Israel. Exijo mi “supuesto” derecho a defenderme, pero al contrario  no reconozco al Estado Palestino, no acepto, ni  ofrezco absolutamente  nada a cambio, más que colonización, terror y genocidio.


Exijo que los palestinos me acepten como Estado judío, aunque me niego siquiera a pronunciar la palabra "Nakba". Ignoro sus derechos, sus hogares, las tierras y la historia de quienes desplacé, para asentarme desde el año 1948. Tengo en mis manos las llaves de los muros que construí para controlarlos en su propia tierra. Niego a los refugiados el derecho a regresar a su propio terruño, por el contrario busco y hago leyes que los llaman "ausentes", incluso cuando están a punto de morir de hambre, la cual ha sido directamente provocada, fríamente calculada  y planificada por nosotros de la manera más inhumana, despiadada y aterradora.


Soy Israel. Denuncio por antisemitas a quienes se atreven a condenarme como Estado terrorista y genocida, cuando lo que realmente temo es la rendición de cuentas ante la corte  penal internacional, a mi máximo representante del momento Benjamín Netanyahu, y a su sequito político. 


Llamo a cualquier crítico un odiador. Desdibujo la línea entre el judaísmo y el sionismo, usando a uno para encubrir los crímenes del otro. Convierto la historia en un arma para excusar el apartheid. Manipulo el trauma para justificar la expansión y la colonización de asentamientos ilegales. Digo "Nunca más", pero dejo que les suceda a otros, por mi propia culpa.


SOY ISRAEL, Estado terrorista y genocida, representado indignamente por Benjamín Netanyahu, el Herodes del siglo XXI.