Por Eduardo Gutiérrez Arias
Las élites del poder en Colombia están alborotadas. Su estrategia de utilizar las mayorías con que cuentan en el Congreso y en las altas cortes del poder judicial, para frenar las principales reformas propuestas por Gustavo Petro en su campaña electoral triunfadora en las elecciones del 2022 que lo llevaron a la presidencia y se convirtieron en la base del actual Plan Nacional de Desarrollo, aprobado por el mismo Congreso, parece haber sido un disparo en los pies de la propia oligarquía Colombia y de los partidos que la defienden y sustentan.
Se les olvidó a estos manzanillos del gran poder, que en Colombia se aprobó en 1993 una nueva constitución política que consagró importantes elementos de democracia directa que permiten que el pueblo pueda tomar decisiones a su favor cuando cualquier poder del Estado les conculque derechos esenciales o les impida justas reivindicaciones como la salud y los derechos laborales.
El artículo 104 de la nueva Constitución nacional establece la Consulta Popular como mecanismo de democracia directa, que le permite a los ciudadanos colombianos aprobar o negar importantes cambios en la vida del país. Una de ellas es la reforma laboral, frenada por el Senado. El presidente Petro ha decidido convocar una consulta para que sea el pueblo quien defina si esta reforma se hunde o sale adelante.
La respuesta popular de creación de Comités de Impulso de la Consulta en todos los rincones de Colombia (ya van más de 800 comités creados en sólo 8 días de labor) son una demostración de que con esta no posará como con las otras que no alcanzaron la votación necesaria para su aprobación. En esta por lo menos la mitad de los colombianos saldremos a votar.
La propaganda torticera de las élites del poder oligárquico y los partidos de la derecha contra el gobierno de Petro hablando de su fracaso, es desmentido por organismos internacionales como el Fondo Monetario Internacional que, en un reciente foro de 180 de los mejores economistas del mundo, evaluó el gobierno de Colombia y le dio una excelente calificación de 5 por la forma como se viene manejando la economía en asuntos como la deuda externa, la política fiscal, el crecimiento del PIB (en sólo el mes de enero este fue del 2.6%), la disminución del desempleo que ya llega al 10.3% cuando en 2021, antes del cambio de gobierno, era del 13.7%. También expresó su pleno respaldo al conjunto de reformas sociales impulsadas por Petro que tanto alboroto y oposición generan en los grandes medios de comunicación y en los gremios del gran capital.
A los defensores del viejo poder les preocupan los cambios democráticos en el país que al parecer no pueden detener.