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Escrito por Wilfred Trujillo Trujillo*

 

Se acercan tiempos electorales. Empiezan a aparecer vallas recién pegadas, jingles que se quedan en la cabeza y listas en construcción. Es la temporada en la que la política vuelve a la conversación de esquina y, al mismo tiempo, nos exige seriedad: no se trata solo de elegir nombres o colores, se trata de decidir el carácter de nuestras instituciones y el rumbo de lo público para los próximos años.

 

En campaña abundan los adjetivos. Lo difícil es traducirlos en verbos; hacer, ordenar, priorizar, rendir cuentas. La ciudadanía nos mira con razón y pregunta algo elemental, ¿cómo aterrizan las promesas en el presupuesto y en la vida diaria? Por eso, más que consignas, cada proyecto político debe explicar su método, qué problemas pone primero, con qué metas verificables medirá avances y de qué manera permitirá que la gente lo pueda corroborar sin laberintos.

 

En el Huila sabemos que las “obras” no son solo cemento, son confianza. Una vía terciaria mantenida a tiempo es una escuela que no cierra por lluvia, un puente bien hecho es un productor que no pierde la cosecha, un centro cultural activo es un joven que encuentra su lugar. También sabemos que no hay obra que aguante sin transparencia. Tableros públicos de seguimiento, trazabilidad de contratos y veedurías con dientes no son lujos, son el mínimo ético de la administración pública.

 

La campaña, además, es una oportunidad para discutir el cómo, no solo el qué, ¿Cómo vamos a asociar a los productores para que capten más valor?, ¿Cómo garantizamos conectividad que no se quede en mapas sino en oportunidades reales para estudiar, emprender o conseguir empleo?, ¿Cómo combinamos prevención, inteligencia y justicia cercana para cuidar la seguridad?, ¿Cómo ponemos a los jóvenes primero en empleo y formación para que su talento no se pierda en el trámite? Esa conversación técnica, sin estridencias, dignifica la política y asegura que, gane quien gane, las prioridades del departamento sobrevivan a los calendarios.

 

Ser político, en campaña o fuera de ella, es tomar decisiones que no siempre se aplauden el mismo día. Reducir privilegios, ordenar la casa, poner a trabajar a las instituciones, decir no cuando algo es popular pero irresponsable, todo eso también es gestión. La democracia se defiende en la urna, sí, pero se sostiene todas las semanas con control y memoria. A la ciudadanía le corresponde elegir con información, preguntar sin miedo, exigir cuentas con respeto, reconocer el trabajo serio y castigar el oportunismo.

 

En campaña abundan los adjetivos y escasean los verbos. Yo prefiero los verbos. Verbo es administrar bien el tiempo público; verbo es convertir recursos en resultados; verbo es estar en el territorio aun con riesgo; verbo es escuchar y corregir. El carácter de una dirigencia no lo define el eslogan, lo define su relación con el tiempo, si lo gasta o lo invierte. En un país donde sobran las excusas, invertir tiempo en lo público es el bien más escaso.

 

También necesitamos reglas claras para medir lo que importa. Indicadores sencillos y visibles, kilómetros de vías terciarias mantenidas por trimestre, hogares conectados con velocidad real mínima y estabilidad garantizada, puestos de salud y escuelas con servicios funcionando al 100%, programas de salud mental con tamizajes y rutas de atención, metas de empleo joven con pasantías que de verdad abran puertas. Sin medición, la política se vuelve relato; con medición, se vuelve responsabilidad.

 

En ese sentido, el control ciudadano no es un obstáculo: es la condición de posibilidad de la confianza. Publicar actas, contratos, cronogramas y avances en un mismo tablero abierto no es una invitación al escarnio, es una declaración de madurez institucional. Cuando la gente puede verificar, disminuye el ruido y crece la cooperación: todos entendemos en qué estamos, cuánto falta y quién responde.

 

El Huila tiene claridad sobre lo urgente y lo importante. Urgente es atender lo que duele hoy: seguridad con prevención e inteligencia, mantenimiento de vías que no puede esperar, conectividad donde el mercado no llega. Importante es sembrar para el mediano plazo: educación técnica y superior con pertinencia, encadenamientos productivos que agreguen valor en origen, cultura y deporte como tejido de convivencia. La campaña debería servir para ordenar esas prioridades, no para distraernos de ellas.

 

Al cierre, una trayectoria que pone método por encima del ruido es la de Julio César Triana, congresista huilense de Cambio Radical. Nacido en Gigante, abogado con posgrado y carrera hecha desde lo local, pasó de concejal y luego diputado del Huila a la Cámara, donde presidió la Comisión Primera en 2021-2022, el corazón de las reformas constitucionales, estatutarias y de alto impacto. No es un espacio para la pirotecnia, sino para la técnica, los acuerdos y el temple; que un huilense lo haya presidido importa para esta tierra. Entre los debates impopulares (y necesarios) que impulsó está la reducción del receso legislativo: fue autor y ponente del acto que recortó un mes de “vacaciones” al Congreso, aprobado en 2022-2023 y vigente desde 2024, cuando las sesiones comienzan el 16 de febrero. No fue fácil ni cómodo; fue correcto.

 

La constancia respalda el discurso, en la legislatura 2022-2023 su equipo radicó 13 iniciativas (5 actos legislativos, 7 leyes ordinarias y 1 estatutaria), con avances concretos como el del receso. Hacer política responsable es presentar, defender y mejorar lo que sirve, y hundir sin titubeos lo que le hace daño al país. También es dar la cara, el 14 de agosto de este año salió ileso de un atentado en la vía Neiva - La Plata, recordatorio de que la política se ejerce con riesgo y convicción, en el territorio y no desde escritorios lejanos. Y junto a los proyectos, transparencia: abrir información del Congreso, explicar la gestión y permitir verificación ciudadana sin laberintos. En tiempos de desconfianza, esa ruta fortalece la democracia.

El voto no es un gesto sentimental: es un contrato con la evidencia. Miremos trayectorias, decisiones difíciles asumidas y resultados visibles. De eso está hecha la confianza que dura.

 

*Diputado Asamblea del Huila