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Alfonso Vélez Jaramillo

Muchas personas atacan a la administración pública por todo y contra todo, especialmente en esta época de electoral y de frenética polarización política.

Cuando se trata alguna inversión en obra pública, es muy frecuente, de alguna manera, buscarle los peros a todo

Ahora, pretenden “armar la discordia”, por una inversión de 8.800 millones de pesos del gobierno municipal en la remodelación del Parque Santander.

Esa inversión es necesaria, pero acompañada de campañas de cultura ciudadana.

El Parque Santander debe tener un administrador permanente o un  funcionario distinguido como “comandante “, de los policías de turno. 

Todos los días hacemos críticas al mal estado y al pésimo comportamiento de sus cotidianos habitantes, pero cuando van a arreglarlo pegamos el grito en el cielo sin argumentos, casi siempre por politiquería.

Sin exagerar, los habitantes de calle han convertido a nuestro emblemático parque, que antes daba orgullo, en un muladar y en un sanitario público al aire libre, en donde no hay Dios ni ley, olor a marihuana, basuco y excremento humano.

Es cierto, hay bastantes necesidades en la ciudad, y no son pocas, pero la presentación del entorno igualmente es significativa, para darle vida y armonía  a nuestro ambiente social.

Los parques principales, en cualquier lugar del mundo y más en Colombia, muestran la rica idiosincrasia de sus pueblos.

Para los estudiosos del ambiente, los parques funcionan como la extensión de las casas de sus habitantes.

Es el núcleo central de la vida social citadina cultural y comunitaria. 

Sobre todo, cuando existen las condiciones y los espacios públicos de libre acceso y de sana convivencia para el descanso y el encuentro. 

No es mentira, casi todas las administraciones han hecho millonarias inversiones al parque Santander.

Lo grave, es que no se ha trabajado en la cultura ciudadana y la convivencia y la plata se pierde.

Tampoco se ha hecho énfasis en el mejoramiento de la calidad de vida de quienes lo frecuentan, por cuya razón, sin temor a equívocos, el Parque Santander está secuestrado.

De milagro no se han robado la estatua del general Santander, para venderla por chatarra.

El Parque está siendo utilizado para otros fines, como la prostitución y venta de sustancias alucinógenas.

No hay que descuidar programas de rehabilitación a personas en situación de calle, la mayoría, enemigos del orden, porque no se les controla.

En ocasiones es prácticamente es imposible pasar por el parque, porque la tranquilidad del lugar se trastorna por la presencia de personas de sospechosa presentación consumiendo vicio.

No pocas veces se ejecutan atracos a mano armada, sin contar los malos olores, que lo hace intransitable y da terror.

Según el alcalde de Neiva, Germán Casagua Bonilla, será “una remodelación integral del Parque Santander, con una inversión de 8.822 millones de pesos para transformar este espacio céntrico”. 

El proyecto encierra la renovación total de pisos, iluminación LED, nuevos andenes, zonas verdes y una moderna fuente luminosa musical, la novedad para convertirlo en un sitio turístico emblemático.

En Lima, Perú, hicieron lo propio en un parque llamado “Parque de las Aguas”, cuyos chorros de lluvia dan la impresión de bailar al ritmo de los aires musicales andinos, mestizos e indígenas  es un espectáculo lindo y único.

Aquí se ofreció modernizar el parque sin perder nuestra tradición cultural y ojalá los chorros de lluvia de la fuente luminosa puedan bailar al son del sanjuanero.

Que sirva como centro de proyección de nuestros valores huilenses, muy tenidos en cuenta en otras regiones del país.

Qué bueno que dentro del parque se pueda disfrutar de un buen café, teniendo en cuenta su entorno religioso, su cercanía a los despachos públicos administrativos, judiciales y comerciales.

Las ciudades progresan cuando se presentan bonitas y existe orden, especialmente en la recuperación del espacio público, que debe ser una prioridad.

Una situación que deben tener cuenta los jueces, cuando deciden tutelas de los ambulantes por el derecho al trabajo, la ley debe ser de interés general, que puedan trabajar, pero de manera organizada.  

Lo elemental es esperar a que se haga la obra para exigir que quede bien hecha y que responda a las expectativas creadas por el alcalde German Casagua y su equipo de Gobierno.

Que se cumpla la justificación de la necesidad de ejecutar ese proyecto, su conveniencia, beneficios y su viabilidad.

Ahora, con un parque bonito  y elegante mejora las condiciones de seguridad ciudadana.

Necesario y pertinente señalar que, ahora que se estudia el nuevo POT, se estipule el traslado de las casas de juegos bingos y demás a otro lugar.

Que se establezca quienes patrocinan las ventas callejeras, porque existen personas con 10 o mas puestos en la calle generando desorden en el parque.

Tienen empleados a quienes, ni siquiera les cubren sus garantías laborales, ni sus prestaciones sociales, pero sí taponan el espacio público. 

Bienvenida la remodelación del Parque Santander, que esa inversión se asegure con cultura ciudadana y mayor atención en seguridad.