Espero que ustedes no se hayan despertado ayer con un infortunado error de gramática, pues por redes se han hecho virales algunos mensajes de madres o abuelas diciendo que “se murió el papá”. Espero también que no les haya golpeado tan duro la muerte del papa Francisco, que falleció este 21 de abril y a todos nos cogió por sorpresa.
El cardenal camarlengo Kevin Joseph Farrell así le informó al mundo el fallecimiento del sumo pontífice: “A las 7:35 de esta mañana, el Obispo de Roma, Francisco, regresó a la casa del padre. Toda su vida estuvo dedicada al servicio del Señor y de Su Iglesia.
Nos enseñó a vivir los valores del Evangelio con fidelidad, valentía y amor universal, especialmente en favor de los más pobres y marginados.
Con inmensa gratitud por su ejemplo de verdadero discípulo del Señor Jesús, encomendamos el alma del papa Francisco al infinito amor misericordioso del Dios Uno y Trino".
El pasado domingo, el sumo pontífice había aparecido en el balcón del Palacio Apostólico del Vaticano, que da a la Plaza de San Pedro, para impartir la bendición “Urbi et Orbi”. Allí, el papa, en sus últimas palabras, dijo: "El verdadero ordo amoris que hay que promover es el que descubrimos meditando constantemente la parábola del Buen Samaritano, es decir, meditando el amor que construye una fraternidad abierta a todos, sin exclusión".
Humanista hasta el fin de sus días. Respetó también hasta lo último sus tradiciones. A pesar de verse ya convaleciente, no dejó de asistir al Domingo de Resurrección para saludar a los fieles que llegaron hasta el Vaticano (vea en fotos: Así fue la última aparición pública del papa Francisco).
Jorge Mario Bergoglio fue su nombre, nació el 17 de diciembre de 1936 y fue el papa número 266 de la Iglesia Católica, pero el primero de origen latinoamericano. Fueron cerca de 12 años de pontificado en los que mostró un espíritu reformista que le costó varias críticas dentro de la institución, pero que se ganó incluso el respeto y la admiración de muchos que se consideran no creyentes por su diplomacia y su visión contemporánea del mundo.
En más de una oportunidad habló sobre la urgencia de “garantizar una mayor participación de las mujeres en puestos de gobierno en la Iglesia”. Rechazó el uso de tronos de oro y optó por sillas más simples. Decidió vivir en la Casa Santa Marta, en lugar del usual Palacio Apostólico para los papas.