Por Gabriel Calderón Molina
Cuando estamos a menos de un mes para que se cumplan 30 años del reconocimiento que hizo la Unesco de los parques de la Cultura Agustiniana, como Patrimonio Cultural de la Humanidad el 5 de diciembre de 1995, es muy oportuno retomar el tema de la afluencia de turistas hacia estos lugares como resultado de dicha determinación tan trascendental a nivel nacional e internacional.
Según los datos estadísticos suministrados por ICANH, entidad nacional a cuyo cargo está la administración de los parques en San Agustín e Isnos, la cantidad de turistas que los han visitado anualmente durante estos 30 años, son realmente decepcionantes. Pareciera que tanto a nivel regional, nacional e internacional esa decisión de la Unesco no tuviera la mayor importancia, muy distinto a lo ocurrido cuando ese mismo reconocimiento que se le hizo a Michú – Picchu en 1983 en el Perú, en donde el turismo se multiplicó por 10 en los siguientes años, debido a las inversiones en infraestructura vial que mejoraron totalmente el acceso a los visitantes y a la promoción mundial que se hizo.
Las cifras de visitantes según el ICANH a la Cultura Agustiniana a partir de la decisión de la Unesco hablan por sí solas. En 1996 lo visitaron 61.862 turistas; en 1997, 68.233. Diez años después: 2006, 45.998; 2007, 55.316. En el 2020,30.918. En el año pasado, 2024, 60.773.
Nada más diciente que estos datos que a las autoridades turísticas del Huila, la Nación y San Agustín no las conmueve. Es como si no pasara nada. Las cifras de 2024 son inferiores a las del 1996. Estos datos muestran que la declaratoria que se hizo en 1995 como Patrimonio Cultural de la Humanidad no produjo ningún impacto turístico como ha ocurrido en muchas otras partes del mundo.
Si a la Cultura Agustiniana siendo Patrimonio Cultural de la Humanidad le ha sucedido esto, a los demás lugares turísticos del Huila les ha ido igual o peor. Tal son los casos de la Cueva de los Guacharos, en Acevedo, el Salto de Bordones en Isnos, la Laguna de Guaitipán en Pitalito, el desierto de la Tatacoa, las maravillas naturales de Paicol, las obras culturales de Neiva y muchos otros lugares del Huila, debido a que no ha existido en los gobiernos departamentales una reingeniería turística que conduzca a que el Huila tenga en el turismo una gran alternativa de desarrollo teniendo en cuenta la gran diversidad de oferta que hay en toda su geografía.
El potencial turístico del Huila, si se sabe impulsar, sería la segunda alternativa de desarrollo, después de la agropecuaria. Se requiere que los gobiernos sean conscientes de esta realidad y pongan a funcionar una verdadera dirección del turismo como lo hace el departamento de Bolívar por todos sus municipios.