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Por Alfonso Vélez Jaramillo

En el partido verde “se pegaron un tiro en el pie”

Los directivos del Partido Verde “se pegaron un tiro en el pie”, al excluir a Wilian Alvis, de la lista para la cámara de representantes por el Huila.  

Esta decisión de excluir al abogado Alvis Pinzón, de su lista, tengo la impresión de que va a salirle muy caro y que inclusive podrá quitarle protagonismo y la posibilidad política real a esa agencia política de obtener una curul en las elecciones de marzo.

“Pegarse un tiro en el pie”, es un vocablo popular del que muy pocos saben de su origen. 

En España, y en casi todos los países, idiomas y vocablos del mundo se utiliza este término para señalar a quien posiblemente ha tomado una decisión errada o torpe que acaba por revertirse en contra de quienes han tomado la decisión. 

Es una metáfora a veces ofensiva si no se lee y se contextualiza correctamente, pero es una decisión no acertada. 
Es decir, según entendidos y con quienes he logrado auscultar sobre la inexplicable salida de Alvis, quien tiene un trabajo adelantado en el Huila y es amigo personal y de confianza de Rodrigo Lara
La decisión de sacar a Alvis, fue tomada en Bogotá, sin conocer este departamento y me atrevo a afirmar que le va a salir muy cara al partido verde.

Wilian se cayó para arriba y le hicieron un favor  porque lo dieron a conocer en todo el departamento, de inmediato el movimiento de Sergio Fajardo le otorgó carta blanca para conformar una lista cerrada que encabezará e inscribió ante la registraduría.

La gente es muy dada a favorecer al caído y escarmentar al agresor. 

Hay dos noticias grandes, derivadas de la salida de Alvis del Partido Verde, la primera, GRANDOTA, se dará a conocer este miércoles en una rueda de prensa presidida por Alvis en la Asamblea y otra en los próximos días.

Por ahora, me atrevo a afirmar que creo que se cae el soporte del Partido Verde en el Huila, por esta decisión y no será alternativa de poder legislativo en las próximas elecciones.

Ese es problema de los partidos y movimientos manejados a dedo desde la capital del país, casi siempre por camarillas, que se aprovechan de la ley para imponer nombres sin consultar al pueblo, ni el trabajo ni el corazón de la gente.