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Por Luis Felipe Narváez Galíndez

 

Mientras el mundo busca certezas en los datos y la tecnología, una de las economías de servicios más singulares del siglo XXI ha florecido en un lugar inesperado: Pitalito, en el corazón del Valle de Laboyos, Colombia. El fenómeno nació en los años 80, cuando los primeros brujos de la región, conocidos como "Los Forcheros", migraron a México. Sin embargo, lo que antes requería un desplazamiento físico, hoy se ha transformado en un imperio digital con alcance transnacional.

 

 

Este auge no es una simple anécdota, sino la manifestación moderna de una necesidad humana ancestral. Como señalan antropólogos como Conrad Phillip Kottak, la magia o la brujería (para el contexto de significado de las prácticas actuales en Pitalito) no es solo un conjunto de rituales; es una técnica para dar sentido al mundo, un sistema que atiende tanto las necesidades cognitivas (explicaciones) como las emocionales. Su función, como observó el célebre antropólogo Bronisław Malinowski en su estudio sobre los isleños de las Trobriand, no es competir con la razón, sino prosperar allí donde el control humano termina y comienza la incertidumbre. La gente recurre a la Brujería no cuando las cosas son seguras, sino cuando se enfrenta al azar, al riesgo y a lo incontrolable.

 

Si la Brujería es un antídoto para la incertidumbre, nuestra era es su caldo de cultivo perfecto. Vivimos en lo que el sociólogo Ulrich Beck denominó la "sociedad del riesgo", donde la precariedad laboral, la fragilidad de los servicios públicos y la inestabilidad de los afectos son la norma. Las relaciones se han vuelto transitorias, "líquidas", como las describió Zygmunt Bauman; los amores de hoy pueden desvanecerse mañana como si fueran una mercancía. Ante este vacío, el individuo busca un poder —mágico, inexplicable, pero creíble— que le permita anclar lo que parece fugaz y darle un argumento a su existencia: exige emocionalmente, como una pulsión final, una pócima mágica, un amarre, para que ese amante ido, “vuelva de inmediato rendido a tus pies”. En este contexto, el mercado de los servicios esotéricos no es una excentricidad, sino una demanda ineludible.

 

La verdadera revolución para los brujos del Laboyos llegó con el siglo XXI. Ya no era necesario migrar; el mercado global podía alcanzarse desde una oficina en Pitalito. Gracias a internet, se integraron a la "sociedad red" descrita por Manuel Castells, una economía global donde los flujos de información y servicios digitales trascienden las fronteras físicas. Este modelo de negocio, abierto y descentralizado, donde cualquier persona con conocimientos digitales y una narrativa persuasiva puede entrar, hace que los monopolios controlados por la fuerza sean inútiles e ineficaces. Cada día nacen nuevas oficinas virtuales para satisfacer un mercado infinito de clientes cosmopolitas que buscan respuestas.

 

Pero, ¿por qué Pitalito se ha consolidado como el epicentro de este fenómeno? Varias claves explican su singular éxito. Primero, un español neutro y de diccionario, perfectamente comprensible para todo el mercado hispanohablante. Segundo, un ecosistema de talento técnico local capaz de construir y gestionar plataformas digitales efectivas. Y tercero, y quizás lo más importante, una profunda cultura de emprendimiento esotérico construida sobre la historia del territorio: la presencia histórica de curanderos en espacios radiales, los saberes de "culebreros" en las plazas públicas y hasta el recuerdo de alguna gitana que leía la mano en tiempos remotos. Todo ello ha creado una base de narrativas fantásticas y persuasivas listas para ser exportadas.

 

Hoy, este sector de servicios es otro de los motores económicos innegables en el municipio. Genera empleo directo e indirecto, atrae ingresos globales a través de sus plataformas y dinamiza sectores colaterales como el inmobiliario y el de bienes de consumo suntuario. Sin embargo, este crecimiento no está exento de conflictos, nacidos de la competencia en una economía abierta que transmuta lógicas imposibles de sostener como monopolio único.

 

Es crucial, por lo tanto, estudiar este sector en toda su complejidad, libre de prejuicios morales o religiosos. Desde que nuestra especie se cohesiona a través de ficciones, como argumenta el historiador Yuval Noah Harari, hemos necesitado estos sistemas simbólicos. El futuro de esta economía en el Valle de Laboyos depende de la tolerancia. Como sostiene el urbanista Richard Florida, las sociedades que prosperan son aquellas que atraen talento y fomentan la creatividad gracias a su apertura a lo novedoso y disruptivo. Pitalito se encuentra en una encrucijada: puede consolidarse como un referente innovador, una fuente legítima de divisas y conocimiento a través de estos servicios esotéricos que han encontrado un asidero en un lenguaje o significantes global, o puede perder esta oportunidad única por ceder ante la intolerancia y desconocimiento antropológico en una sociedad global, viendo cómo sus oficinas esotéricas corren el riesgo de trasladarse a otros territorios más incluyentes que no vean en ellos una amenaza, sino una expresión de gestionar valor o riqueza a sus servicios en un mercado global que lo demanda de modo incesante.


*Docente Universidad Surcolombiana


Referencias Bibliográficas


- Bauman, Zygmunt. (2000). Modernidad líquida. Fondo de Cultura Económica.
- Bauman, Zygmunt. (2003). Amor líquido: Acerca de la fragilidad de los vínculos humanos. Fondo de Cultura Económica.
- Beck, Ulrich. (1986). La sociedad del riesgo: Hacia una nueva modernidad. Ediciones Paidós.
- Castells, Manuel. (1996-1998). La era de la información: Economía, sociedad y cultura (Vol. 1-3). Alianza Editorial.
- Florida, Richard. (2002). The Rise of the Creative Class. Basic Books.
- Harari, Yuval Noah. (2014). Sapiens: De animales a dioses. Debate.
- Kottak, Conrad Phillip. (2011). Antropología cultural. McGraw-Hill.
- Malinowski, Bronisław. (1948). Magia, Ciencia y Religión. Ariel.