Por Eduardo Gutiérrez Arias
Han pasado cinco años de la muerte del sacerdote Jesús Antonio Munar, personaje legendario cuyo periplo de vida fue una permanente búsqueda de la verdad y la justicia y un compromiso total con los humildes. Su recuerdo sigue vivo en el corazón del pueblo huilense por el que siempre luchó.
Conocí al padre Munar en el año de 1972, cuando llegó en calidad de párroco al municipio de Tello. Los caciques liberales de la localidad quisieron sabotear cualquier recibimiento al nuevo párroco con el cuento de que se trataba de un godo sectario perseguidor de los liberales. Sin embargo, los campesinos de la Anuc, los profesores y algunos dirigentes del naciente movimiento de la Dignidad Liberal, se encargaron de organizar un gran agasajo.
El padre Munar nació en Acevedo, donde corrió su primera juventud rodeado de patriarcas conservadores que habían aprendido a odiar las ideas liberales en los sermones de monseñor Esteban Rojas. Luego fue al seminario de Garzón donde se ordenó como sacerdote. Su alta estatura cercana a los 2 metros, su contextura musculosa, sus ojos azules y sus facciones bien delineadas, sobresalían en nuestro medio mestizo. Su personalidad arrolladora, su temperamento decidido, su voz sonora y gruesa y su fluidez verbal lo convirtieron en un líder natural.
Llegó a San Luis cuando se iniciaba el accionar de Manuel Marulanda y allí, según los “Cuadernos de Campaña” del líder insurgente, organizó la resistencia campesina contra la guerrilla y participo en enfrentamientos armados contra la misma. Tiempo después, como párroco en San José de Isnos promovió un gran movimiento popular para que esta localidad se convirtiera en municipio. Viajó a Israel para estudiar su economía y su estructura social. Allá aprendió que los campesinos, que siempre fueron su preocupación, necesitaban organización y asociatividad para salir de la miseria. En Tello y Villavieja, en su calidad de cura párroco de estos municipios, respaldó decididamente la toma de tierras para impulsar la reforma agraria. Por esta época se reunió con líderes de las Farc respaldando el propósito de una paz negociada con los insurgentes. Al poco tiempo fue puesto preso, acusado de enviarle armas a la guerrilla, imputación que fue desvirtuada rápidamente.
Su viraje político desde una extrema derecha sectaria hacia una izquierda humanista tuvo que ver con los cambios que se generaron en la propia iglesia católica, que comenzó a buscar en la vida humilde, abnegada y justiciera de Jesús de Nazaret, el camino de la redención humana con ejemplos como el de Camilo Torres Restrepo, los curas de Golconda y la Teología de la Liberación Nacional. Algún día alguien escribirá su apasionante biografía como enseñanza para el nuevo Huila que se debe construir.