Wilfred Trujillo Trujillo
Diputado Asamblea del Huila
El pasado 27 de junio, Colombia volvió a celebrar el Día Nacional del Café, una fecha que para muchos puede pasar inadvertida entre el ritmo acelerado de la agenda nacional, pero que para millones de familias representa mucho más que una efeméride. Ese día también coincidió con los 99 años de la fundación de la Federación Nacional de Cafeteros, una institución que, desde 1927, ha acompañado la historia económica, social y cultural de Colombia y que ha logrado convertir un grano cultivado en las montañas en uno de los mayores símbolos de nuestra identidad ante el mundo.
Noventa y nueve años no son únicamente un aniversario. Son la oportunidad para reflexionar sobre el pasado, reconocer el presente y preguntarnos qué país queremos construir en el centenario de una institución que ha sido protagonista del desarrollo rural colombiano.
Y si existe un territorio con autoridad para hacer esa reflexión, ese es el departamento del Huila.
Hoy el Huila no solo es reconocido como uno de los mayores productores de café del país; es, sin lugar a dudas, uno de los territorios donde el café ha demostrado que puede convertirse en una verdadera estrategia de desarrollo económico, cohesión social y transformación territorial. Mientras otros sectores económicos enfrentan incertidumbres, el café huilense continúa siendo un motor que dinamiza cientos de municipios, genera empleo, impulsa el turismo, fortalece el comercio y mantiene vivas las tradiciones de miles de familias campesinas.
Hablar del café en el Huila es hablar de personas. Detrás de cada taza existen historias de esfuerzo que comienzan antes del amanecer, cuando los productores recorren sus cultivos para cuidar cada árbol, revisar el estado de la cosecha y proteger una tradición que ha pasado de generación en generación.
No es casualidad que el café huilense sea reconocido internacionalmente por su calidad. Las condiciones geográficas, la riqueza de los suelos, la diversidad climática y la experiencia de nuestros caficultores han permitido que el departamento se consolide como referente mundial en cafés especiales. Sin embargo, detrás de cada reconocimiento internacional existe un trabajo silencioso que pocas veces recibe el protagonismo que merece.
Los productores enfrentan diariamente desafíos que muchas veces pasan desapercibidos para quienes disfrutan una taza de café en una ciudad o en cualquier parte del mundo. Los altos costos de producción, el incremento permanente de los fertilizantes, la dificultad para acceder a crédito, la variabilidad climática, las plagas, la incertidumbre en los precios internacionales y la falta de infraestructura siguen siendo obstáculos que limitan la competitividad del sector.
Paradójicamente, mientras el café colombiano conquista mercados internacionales, muchos de quienes lo producen continúan enfrentando enormes dificultades para garantizar la sostenibilidad económica de sus fincas.
Por eso resulta insuficiente limitar el Día Nacional del Café a los homenajes protocolarios o a las publicaciones en redes sociales. El verdadero reconocimiento debe traducirse en decisiones públicas que fortalezcan la caficultura durante las próximas décadas.
El café necesita políticas públicas modernas.
Necesita innovación.
Necesita relevo generacional.
Necesita infraestructura.
Necesita conectividad.
Necesita ciencia.
Y, sobre todo, necesita que el Estado comprenda que invertir en el café no representa un gasto, sino una de las inversiones más inteligentes para el desarrollo rural colombiano.
El Huila ha demostrado que cuando el café prospera también lo hacen otros sectores.
Los municipios cafeteros fortalecen su comercio.
Crece la oferta hotelera.
Se dinamiza la gastronomía.
Se desarrollan rutas turísticas.
Se promueven experiencias culturales.
Aumentan los emprendimientos rurales.
Las familias encuentran mayores oportunidades para permanecer en el campo.
Por eso el café debe dejar de verse únicamente como un producto agrícola. Hoy representa una plataforma de desarrollo integral que conecta producción, turismo, medio ambiente, cultura, emprendimiento e innovación.
Quizá uno de los mayores desafíos sea lograr que las nuevas generaciones encuentren en el café un proyecto de vida.
Cada vez son más los jóvenes que abandonan las zonas rurales buscando oportunidades en las ciudades. Muchos consideran que permanecer en el campo significa resignarse a menores ingresos o a condiciones de vida más difíciles.
Ese paradigma debe cambiar.
La nueva caficultura debe incorporar tecnología, inteligencia artificial, agricultura de precisión, comercialización digital, certificaciones ambientales y acceso directo a mercados internacionales. El productor del futuro no solo deberá conocer el cultivo; también tendrá que dominar herramientas tecnológicas que le permitan competir en un mercado global cada vez más exigente.
Allí existe una enorme oportunidad para departamentos como el Huila.
Nuestro liderazgo cafetero puede convertirse en un laboratorio nacional de innovación rural. Universidades, centros de investigación, sector privado, cooperación internacional y Estado pueden construir una nueva agenda donde el conocimiento acompañe permanentemente a los productores.
La sostenibilidad también ocupa un lugar central.
El cambio climático ya no es una amenaza futura; es una realidad que afecta la productividad de miles de hectáreas cafeteras. Las variaciones en las lluvias, las altas temperaturas y los fenómenos extremos obligan a replantear muchas prácticas tradicionales.
La adaptación climática debe convertirse en prioridad.
Sistemas agroforestales.
Conservación de fuentes hídricas.
Uso eficiente del agua.
Variedades más resistentes.
Economía circular.
Captura de carbono.
Todo ello debe hacer parte del nuevo modelo cafetero colombiano.
El Huila tiene todas las condiciones para liderar esa transformación.
Nuestros productores han demostrado capacidad de adaptación, disciplina y compromiso con la calidad. Lo que necesitan ahora es mayor acompañamiento institucional y una visión estratégica que trascienda los periodos de gobierno.
El próximo año la Federación Nacional de Cafeteros cumplirá un siglo de existencia.
Cien años acompañando al productor colombiano, cien años construyendo institucionalidad, cien años defendiendo una economía que ha permitido sostener millones de hogares.
Ese centenario no puede convertirse únicamente en una celebración histórica. Debe ser el punto de partida para construir una nueva agenda cafetera para el siglo XXI.
Y el Huila tiene mucho que aportar en esa conversación nacional.
Nuestro departamento no solo produce café; produce conocimiento, innovación, liderazgo y resiliencia.
Cada municipio cafetero representa una oportunidad para demostrar que el desarrollo rural sí es posible cuando existen instituciones sólidas, productores comprometidos y políticas públicas consistentes.
Desde esa perspectiva, resulta oportuno comenzar a pensar en instrumentos que permitan consolidar una visión de largo plazo para la caficultura huilense. Una de esas herramientas es la construcción de una Política Pública del Café para el departamento del Huila, capaz de articular esfuerzos institucionales, proteger al productor, fortalecer la investigación, promover el valor agregado, impulsar la comercialización internacional y garantizar que las futuras generaciones encuentren oportunidades reales en el campo.
No basta con producir más café, debemos producir más valor, más conocimiento, más innovación, más transformación, más oportunidades, más bienestar para quienes dedican su vida a cultivar uno de los mejores cafés del mundo.
También debemos comprender que el café representa una extraordinaria herramienta de diplomacia económica. Cada taza que llega a otro país habla de Colombia. Habla de nuestros paisajes, de nuestras familias campesinas, de nuestra biodiversidad y de nuestra capacidad para competir con excelencia.
El Huila puede aprovechar esa ventaja para fortalecer su internacionalización. Los cafés especiales, las denominaciones de origen, las rutas turísticas cafeteras y los procesos de transformación agroindustrial pueden abrir nuevas puertas para la inversión, la cooperación y el posicionamiento internacional del departamento.
La riqueza del café no termina en la finca, continúa en la taza.
En la experiencia turística, en el emprendimiento, en la gastronomía, en la identidad cultural, en la marca territorio.
Por eso proteger al café significa proteger mucho más que un cultivo.
Significa defender una forma de vida.
Defender nuestras montañas.
Defender nuestras tradiciones.
Defender el futuro del campo colombiano.
A pocos meses de que la Federación Nacional de Cafeteros llegue a sus cien años, el mejor homenaje no consiste únicamente en recordar su historia, sino en garantizar que las próximas generaciones encuentren una caficultura más competitiva, sostenible e incluyente.
El Huila ya demostró que tiene la capacidad para liderar ese camino.
Ahora corresponde convertir ese liderazgo productivo en liderazgo institucional, científico y estratégico.
Porque cuando el café crece, también crece el campo, cuando el campo prospera, disminuyen las desigualdades, cuando disminuyen las desigualdades, la paz deja de ser un discurso para convertirse en una realidad.
Y quizá allí radique la mayor enseñanza que deja este nuevo aniversario: que una taza de café puede contener mucho más que aroma y sabor. Puede contener la historia de un país que aprendió a levantarse gracias al trabajo de su gente, la esperanza de miles de familias rurales y la posibilidad de construir un futuro donde el desarrollo tenga raíces profundas en el territorio.
En el Huila esas raíces siguen vivas. Se cultivan todos los días, finca por finca, montaña por montaña, cosecha tras cosecha. Son raíces que merecen reconocimiento, inversión y visión de largo plazo. Si queremos honrar el legado de los 99 años de la Federación Nacional de Cafeteros y llegar con orgullo a su centenario, debemos empezar desde ahora a construir la caficultura de los próximos cien años. Esa será la mejor manera de agradecer a quienes, con sus manos, han hecho del café mucho más que un producto: un patrimonio nacional y el orgullo permanente del Huila