Por Eduardo Gutiérrez Arias
El DANE ha informado que entre junio y julio el costo de vida subió en Neiva en un 0.65%, el más alto incremento entre todas las ciudades colombianas. Lo peor es que esta tendencia se ha mantenido en los últimos tres meses, mientras en el país la inflación disminuye sustancialmente, pasando del 13.13% en el 2022, a 4.82 en junio de este año.
Sería bueno que alguno de los equipos de investigación de la carrera de economía de la USCO, realizara un estudio de este asunto, pues de seguir así, no sólo perderíamos competitividad, sino que la problemática social de la ciudad como pobreza y miseria, ubicadas en el 2024 en 36.7% y 8.5%, se incrementarían. Es bueno precisar que estos dos indicadores han tenido una mejoría durante el actual gobierno, pues la pobreza monetaria fue del 43.8% y la miseria del 14.1% en el 2023.
Neiva ha tenido muy malas administraciones municipales. La politiquería, la corrupción y la falta de una verdadera planificación en el desarrollo de la ciudad, han impedido que la ciudad surja como la perla del sur que debería ser, dado la laboriosidad del pueblo opita y la belleza y exuberancia de su entorno.
El capitán Diego de Ospina no se equivocó cuando decidió crearla en 1.612 en este bello paisaje tropical, enmarcada por tres esplendorosos ríos: el Magdalena al occidente, las Ceibas al norte y el Oro al sur. La surcan también varias quebradas y arroyuelos y le dan su toque de majestuosidad tres lagunas: el Curíbano, Guaitipán y el Juncal.
Quienes más se han lucrado del crecimiento de Neiva en sus últimos 100 años en los que se dio su transformación de pueblo en ciudad, han sido los terratenientes urbanos. Son un muy reducido grupo de hacendados como la familia Duque/Ospina, con terrenos en los alrededores de la ciudad, que comenzaron a vender o incluso ceder lotes para vivienda en partes distantes del área urbana. A ellos no se les cobró valorización, pero sus tierras, con el paso de los años y la expansión de Neiva, se convirtieron en una verdadera mina de oro. De hecho, aún en la actualidad, la ciudad está plagada de lotes de engorde, sin que exista una norma clara que fuerce su urbanización.
Mientras la densidad poblacional de Tokio es de 6.500 habitantes por kilómetro cuadrado, la de Nueva York de 10.700 habitantes y la de Bogotá de 16.470, la de Neiva sólo alcanza 230 habitantes por kilómetro cuadrado. La bajísima densificación eleva el costo de los servicios públicos (agua, luz, gas, teléfono, mantenimiento de la malla vial) y en alguna medida explica su deficiente cobertura y calidad.
La ciudad requiere un alcalde y un concejo que hagan una reingeniería de su desarrollo.