Alfonso Vélez Jaramillo
Yo sí creo en las encuestas de este último y particular proceso electoral que le adjudicó el triunfo sin objeciones en la primera vuelta presidencial a Abelardo De la Espriella.
Contrario a la desdeñante afirmación de algunos entusiastas de su campaña política contra las encuestas cuando salían perdiendo, quienes estoy seguro, no hicieron una mirada técnica y desapasionada al resultado.
Siempre se mostró la foto del puntero Iván Cepeda, pero no alcanzaron a medir la intención de voto de los últimos ocho días antes de las elecciones.
La ley 2494 de 2025, que establece medidas sobre la elaboración, publicación y divulgación de encuestas, permite solamente su publicación hasta ocho días antes de un debate electoral.
En la última recta de la elección, la situación tuvo un viraje abrupto.
La estrategia de la derecha cambió para llegar con una buena votación a la segunda vuelta.
Como se hizo en las anteriores elecciones, cuando ordenaron votar por Rodolfo y no por Fico, quien estaba cayendo de manera estrepitosa en los sondeos de opinión.
Se sintió que, en esta oportunidad ordenaron votar por De la Espriella y no por Paloma, y pudo haber sido coordinado para llegar fuertes a la segunda vuelta.
Sin embargo, nadie sabía, ni avizoraba, creo que ni pensaba, ni se le pasaba por la cabeza el mismo de La Espriella ni sus cuadros directivos, que ganaría en primera vuelta a Cepeda.
La distancia entre Cepeda con De la Espriella y Paloma, era muy amplia si llegaban divididos.
La encuesta es un procedimiento técnico y profesional investigativo que compila datos y entrega un informe y el resultado de dicha investigación.
Hay casos, en los cuales quien no sale favorecido desestima y combate las encuestas dentro de su fuero y su libertad.
Las encuestas mostraron la fotografía de lo que estaba aconteciendo a lo largo de la campaña electoral, desde el año 2025.
Y como no pueden publicarse sino hasta ocho días antes de cualquier elección, muy simple, no pudo verse lo que sucedió finalmente en las urnas:
“El ascenso de Abelardo, el estancamiento de Iván Cepeda y la caída lenta pero visible de Paloma Valencia, en el último mes, se le atribuye a la llegada de los desgastados jefes de los partidos políticos, pero sin las bases populares.
Concuerdo con Juan Pablo Suarez, el influyente analista político de mayor ascenso en el Huila, quien aseguró que las encuestas no fallaron en este proceso electoral.
Suarez señaló: “A lo largo de la campaña mostraron consistentemente a Iván Cepeda y Abelardo de la Espriella liderando las preferencias, con Paloma Valencia en un tercer lugar que nunca logró superar”
Y agregó “anticiparon fue la dinámica de la carrera: el estancamiento progresivo de Cepeda en intención de voto, el crecimiento vertiginoso de De la Espriella y el desinflamiento sostenido de Valencia”
En consecuencia, los resultados del 31 de mayo —De la Espriella con 43,74%, Cepeda con 40,90% y Valencia con 6,92%— no hicieron más que confirmar lo que los datos venían señalando.
“Las encuestas cumplieron su función: describir tendencias y anticipar escenarios. Y en eso, acertaron."
Sí debe mencionarse sin tapujos que, los dirigentes del Pacto Histórico en Colombia y el Huila, se durmieron, no se les vio el trabajo.
No se les sintió el fervor de otros comicios, no había quien orientará, ni se vio transporte, como en otras ocasiones como cuando tenían intereses y aspiraciones personales.
Y así pretendan mostrar otras cifras para justificar resultados, repito, soñaron confiados en las encuestas y no se dieron cuenta que se había armado otro “Rodolfazo” en la última semana.
El primer Rodolfazo fue el que sacó a Fico, en las antepasadas elecciones de 2022, no es extraño que hubieran dado la orden desde el Ubérrimo, de votar por la Espriella, ya que Paloma no levantó vuelo.
Los promotores de Iván Cepeda, al menos en el Huila, no hicieron una convocatoria general abierta, solo amigos, ni siquiera publicidad en los medios alternativos.
Tampoco hubo voz a voz, como si les sentía a los de La Espriella, no hubo transporte, en síntesis, no se sintieron y ahí tienen los resultados.
Si no recomponen su comportamiento , va a ser muy difícil superar el escollo el próximo 21 de junio en la segunda vuelta presidencial.
Es más, muchos líderes preguntaban desde hace tiempo, quién es el dirigente visible del Pacto Histórico en el Huila y aún no se conoce quien o quienes dirigen y con quienes se puede hablar.
El Pacto Histórico en el Huila, es un movimiento cerrado, cerrado, cerrado, han sido muy cerrados, en este gobierno, asunto que debe ser revisado y evaluado a riesgo de ser “flor de un día” en la política regional y nacional.