Por Wilfred Trujillo Trujillo
Diputado Asamblea del Huila
El próximo 21 de junio, Colombia volverá a las urnas para disputar lo que podría definirse como el segundo tiempo de una de las elecciones más importantes de los últimos años. Como ocurre en el fútbol, los primeros noventa minutos permiten conocer las fortalezas y debilidades de cada equipo, pero es en el segundo tiempo donde se define quién tiene la capacidad de ganar el partido y asumir la responsabilidad de conducir el destino de una nación.
Las elecciones no son simplemente un ejercicio administrativo para escoger gobernantes. Son la expresión más poderosa de la democracia. Son el momento en el que millones de ciudadanos, sin importar su condición económica, su origen o sus creencias, tienen exactamente el mismo poder: un voto. Ese voto representa una esperanza, una inconformidad, un sueño o una convicción. Por eso cada jornada electoral constituye una oportunidad para corregir el rumbo, ratificar decisiones o construir nuevos caminos.
En esta ocasión, el país llega a la cita electoral en medio de profundas preocupaciones. La inseguridad sigue golpeando a las regiones. Los colombianos sienten cada vez más incertidumbre frente a la economía familiar. Los jóvenes observan con preocupación las dificultades para encontrar oportunidades. Los empresarios enfrentan desafíos para generar empleo. Los campesinos reclaman mayor respaldo para producir y comercializar sus cosechas. Y las regiones continúan esperando que las promesas del desarrollo lleguen más allá de los discursos.
La democracia precisamente existe para que los ciudadanos puedan expresar, mediante el voto, qué camino consideran más adecuado para enfrentar esos desafíos. Por eso el próximo 21 de junio no se trata únicamente de elegir un nombre. Se trata de escoger una visión de país.
A lo largo de la historia, Colombia ha demostrado que posee una democracia resiliente. Hemos atravesado momentos complejos, crisis institucionales, dificultades económicas y desafíos de seguridad. Sin embargo, siempre hemos encontrado en las urnas el mecanismo legítimo para resolver nuestras diferencias. Esa es una fortaleza que debemos valorar y proteger.
Por esa razón, la invitación principal debe ser a participar. Independientemente de las preferencias políticas de cada ciudadano, la abstención nunca puede ser la ganadora. Cuando una persona decide no votar, otros terminan tomando decisiones por ella. Cuando una sociedad se aleja de las urnas, pierde la oportunidad de influir en su propio destino.
Hoy más que nunca necesitamos una ciudadanía activa, crítica e informada. Ciudadanos que comparen propuestas, que evalúen resultados, que analicen trayectorias y que decidan con libertad. La democracia no se fortalece con fanatismos. Se fortalece cuando las personas ejercen su derecho al voto con responsabilidad y convicción.
En ese contexto, considero que la opción representada por El Tigre merece la confianza de los colombianos. No porque la democracia deba construirse alrededor de personalismos, sino porque detrás de cada candidatura existe una visión sobre cómo enfrentar los problemas nacionales y cómo aprovechar las oportunidades del país.
Los colombianos están cansados de las promesas vacías. Están cansados de los discursos que generan división. Están cansados de las peleas permanentes que terminan paralizando las soluciones. El país necesita liderazgo, carácter y capacidad de ejecución. Necesita gobernantes que entiendan las preocupaciones de la gente común, de quienes madrugan todos los días para trabajar, estudiar o sacar adelante a sus familias.
Cuando las personas hablan de sus preocupaciones cotidianas, no preguntan por debates ideológicos complejos. Preguntan por la seguridad de sus barrios. Preguntan por la calidad de la educación de sus hijos. Preguntan por las oportunidades de empleo. Preguntan por el acceso a servicios de salud. Preguntan por el estado de las vías. Preguntan por el costo de vida.
Esas son las discusiones que deberían ocupar el centro de la política nacional.
La campaña ha permitido contrastar diferentes visiones. Eso es saludable para la democracia. Sin embargo, llega el momento de tomar decisiones. Y las decisiones deben construirse pensando en el futuro del país y no únicamente en las emociones del momento.
Colombia posee un enorme potencial. Somos una nación rica en recursos naturales, biodiversidad, talento humano y ubicación estratégica. Tenemos regiones con vocación agrícola, turística, industrial y tecnológica. Contamos con millones de ciudadanos trabajadores que, a pesar de las dificultades, siguen apostándole al país.
Pero ese potencial requiere liderazgo para convertirse en resultados.
Los próximos años serán determinantes. El mundo atraviesa transformaciones aceleradas en materia tecnológica, económica y geopolítica. Los países que logren adaptarse a esos cambios tendrán mayores oportunidades de crecimiento y bienestar. Los que se queden atrapados en la confrontación permanente perderán competitividad y posibilidades de desarrollo.
Por eso la decisión del 21 de junio trasciende una coyuntura electoral. Es una decisión sobre la Colombia que queremos construir para las próximas generaciones.
Quienes respaldamos la opción de El Tigre creemos que el país necesita recuperar la confianza. Confianza para invertir. Confianza para emprender. Confianza para generar empleo. Confianza para fortalecer la seguridad. Confianza para impulsar el desarrollo regional. Confianza para que los jóvenes encuentren oportunidades dentro del territorio nacional y no sientan que deben buscar su futuro lejos de su tierra.
La confianza es un activo fundamental para cualquier sociedad. Cuando existe confianza, las personas invierten, emprenden, trabajan y construyen proyectos de largo plazo. Cuando desaparece, predominan la incertidumbre y el estancamiento.
También es necesario reivindicar el papel de las regiones. Durante décadas, buena parte de las decisiones se han concentrado en los grandes centros urbanos. Sin embargo, el verdadero motor del país se encuentra en sus departamentos, municipios y zonas rurales. Allí están los productores de alimentos, los emprendedores, los líderes comunitarios y miles de colombianos que sostienen la economía nacional.
Las regiones merecen ser escuchadas. Merecen infraestructura, inversión y oportunidades. Merecen que la política nacional entienda sus necesidades y reconozca sus aportes.
El próximo 21 de junio será, entonces, una jornada decisiva. No habrá espacio para la indiferencia. Cada ciudadano deberá asumir la responsabilidad de participar y expresar su voluntad mediante el voto.
A quienes aún tienen dudas, los invito a reflexionar sobre una pregunta sencilla: ¿cómo quieren ver a Colombia en los próximos años? La respuesta a esa pregunta debería orientar su decisión electoral.
La democracia no consiste en elegir candidatos perfectos, porque los candidatos perfectos no existen. Consiste en evaluar opciones reales y escoger aquella que consideramos más adecuada para enfrentar los retos del presente y construir el futuro.
Ese es el verdadero sentido del voto.
Por eso, más allá de las diferencias políticas, debemos celebrar que una vez más los colombianos tengan la posibilidad de decidir libremente. Debemos rechazar cualquier intento de deslegitimar la participación ciudadana. Debemos defender las instituciones democráticas y fortalecer la confianza en los mecanismos electorales.
El 21 de junio no será un día cualquiera. Será una fecha en la que millones de ciudadanos escribirán una nueva página de la historia nacional. Algunos votarán por una opción, otros por una diferente. Eso hace parte de la esencia democrática. Lo importante es que la decisión sea tomada por los ciudadanos y respetada por todos.
Desde mi perspectiva, esa decisión debe respaldar a El Tigre. Porque considero que representa una alternativa capaz de interpretar las preocupaciones de los colombianos, fortalecer la confianza institucional y liderar una etapa de crecimiento, seguridad y oportunidades para el país.
La invitación final es simple: participe. Vote. Haga escuchar su voz. No permita que otros decidan por usted. La democracia necesita ciudadanos comprometidos y conscientes de su responsabilidad histórica.
Este 21 de junio, Colombia jugará el segundo tiempo de una elección trascendental. Y como en todo gran partido, el resultado dependerá de quienes salgan a la cancha. La cancha de la democracia son las urnas. Allí se define el futuro del país.
Que nadie se quede en la tribuna. Que nadie renuncie a su derecho de decidir. Y que sea el voto libre, informado y responsable el que marque el rumbo de Colombia.
Porque las naciones avanzan cuando sus ciudadanos participan. Porque la democracia se fortalece cuando la gente vota. Y porque el futuro de Colombia merece ser construido por todos.