Por Eduardo Gutiérrez Arias
El presidente Gustavo Petro pronunció un memorable discurso en la octogésima asamblea general de la ONU, reclamándole al organismo su ineficacia en el tratamiento de problemas globales como el genocidio contra el pueblo palestino, la crisis climática por el uso de los combustibles fósiles (carbón, petróleo y gas) que contamina la atmósfera con CO2 y generan el calentamiento global y la mala estrategia en la lucha contra las drogas ilícitas (alucinógenos y opioides).
En su concepto el actual modelo neoliberal de desarrollo en el mundo, con su afán de lucro, expansión y riqueza sin límites para unos pocos y su defensa de un mercado libertino, está llevando a la humanidad y a la propia vida en el planeta, al borde del colapso total. Los estudios científicos muestran que, si en 10 años no se revierte la actual tendencia de producción de CO2 en el planeta, podríamos sobrepasar el límite de dos grados en el incremento de la temperatura, con lo que no habría reversa para el proceso del colapso total de la vida.
El dantesco espectáculo que hoy sufre la Franja de Gaza, víctima de un genocidio impulsado por el sionismo israelita liderado por Benjamín Netanyahu con bombardeos diarios y un cerco militar para impedir el paso de alimentos, medicinas y personas, que ya deja más de 65.000 asesinados, muchos de ellos niños, mujeres y ancianos, haciendo de Gaza un gigantesco campo de concentración como los creados por Hitler contra los judíos. Allí el 10% de los pobladores ya han sido asesinados por las balas o el hambre, desde octubre del 2023 en que comenzó la ofensiva del ejército sionista.
Que potencias como E.U y la OTAN contribuyan con su apoyo a este espantoso aniquilamiento de un pueblo, es el peor signo del modelo de sociedad que hoy tenemos.
Este tipo de genocidio ya se intenta trasladar a Latinoamérica con la operación militar de E.U. en el mar Caribe donde tres lanchas fueron cañoneadas y hundidas por la marina de este país con la muerte de sus 17 pasajeros, bajo el pretexto de Trump de combatir el narcotráfico.
Ante tanta barbarie y pese que ya el 80% de los países de la comunidad mundial han reconocido a Palestina como un Estado, el genocidio no se detiene. Porque el Estado/nación ha venido colapsando y son otros los poderes que manejan al mundo. En la medida en que el capitalismo se globaliza, las grandes trasnacionales comienzan a dominar no sólo la economía sino también la política, los medios de comunicación y la cultura universal. Pero también aparecen economías alternativas como la de los países Brics, políticas democráticas desde bases humanistas de la sociedad como lo mostró España cuando frenó la Vuelta Ciclística por permitir la participación del equipo sionista o el pueblo italiano con su huelga general contra la guerra y por Palestina. Pero también el valeroso rechazo de militares norteamericanos que se niegan a llevar armamentos a Israel para que no continúe el genocidio. Como lo dijera el Che Guevara “Esta gran humanidad ha dicho basta …”.