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Por Eduardo Gutiérrez Arias

 

Tanto en Rusia como en China, en los comienzos de la revolución socialista, sus dirigentes parecen haber olvidado algo planteado por Marx en las Tesis sobre Feuerbach. 

 


En la novena tesis este explicó como ningún modo de producción desaparecerá de la historia mientras esté en capacidad de desarrollar nuevas fuerzas productivas. Mientras en La URSS y China se esforzaban por acabar con la propiedad privada y la economía de mercado, en EE.UU., Francia. Inglaterra, Alemania Federal Y Japón, se avanzaba en procesos científicos y tecnológicos como el internet, la robótica, la ingeniería genética, la inteligencia artificial y la nanotecnología.

 


En China, el Partido Comunista dirigido por Ten Xiao Ping, entendió que el extremismo de la Revolución Cultural de Mao, afectaba el desarrollo de las fuerzas productiva y le abrió las puertas a grandes multinacionales dispuestas a contribuir con el desarrollo del país, aprovechando de paso una mano de obra muy disciplinada y relativamente barata.

 


En 40 años la dirigencia comunista China sacó de la pobreza 800 millones de compatriotas, se integró al torrente de desarrollo mundial y se convirtió en la segunda potencia económica del mundo. Es lo que hoy tiene asustado a Donald Trump y al Partido Republicano en los EE. UU.

 


En la página editorial del pasado 26 de abril, el propietario de La Nación, el ingeniero Felipe Olave, escribió un artículo que tituló “De nuevo en China” donde se declara gratamente sorprendido por los avances económicos y culturales de este país al que ha visitado en cuatro ocasiones. Se trata de una economía capitalista de mercado con un régimen político no propiamente democrático a la manera occidental, pero sí muy participativo, cuyo PIB viene creciendo a tasas superiores al 7% anual.


 

La tasa de homicidios es del 0.6 por cada 100.000 habitantes, muy inferior al de EE.UU. que es del 3.0 por 100.000 y al de Colombia que llega a 25.4 por 100.000. En su comentario dice: “Se habla mucho de la represión y el irrespeto a los derechos humanos (en China), pero la verdad no entiendo cómo se manifiesta. Ni siquiera se ven policías armados en las calles.” Dice el autor comentado que cuanto sucede en esta nación es una inspiración y una lección sobre la forma en que el desarrollo puede ir de la mano del cuidado del medio ambiente, con un profundo sentido de comunidad y de respeto por la autoridad.

 


Invito a mis lectores a visitar en el internet las páginas de La Nación y leer el artículo comentado, así como entender por qué Petro va a firmar con Xi Jinping un acuerdo de ingreso a la Ruta de la Seda y porque Perú está construyendo en Chancay el mayor puerto del Pacífico como parte de esta misma ruta.