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Alfonso Vélez Jaramillo

La polarización social y política tiene fracturada la opinión y la conciencia patriótica de la población colombiana.

No es una mentira y mucho menos una frase de cajón. Lo estamos viviendo en carne propia y no nos hemos percatado.

Despedaza amistades, inclusive ataca el vínculo sociológico de colombiano.  Y, no es exagerado afirmar que genera claustrofobia en las propias calles.

Estamos en el punto en que mucha gente no se atreve a hablar de preferencias políticas, por temor a que su interlocutor lo vea como enemigo y no como quien piensa diferente.

Las heridas son tan profundas que ponen en peligro inminente los valores  y el camino correcto para salvar el país, que necesita una meta con ideas diferentes.

Es preocupante y tan seria la situación que no debe ser ignorada, ni tratarse como un enredo tradicional del ejercicio de la política. 

Ojo, lo digo sin reservas, está en juego la democracia.

La polarización quebranta los principios fundamentales y el valor universal de la soberanía popular. Es una amenaza contra las libertades, los derechos humanos y la participación democrática.

Es decir, es un clamor, está en peligro el principio democrático que nos organiza la vida en sociedad, como sucedió con los venezolanos.

La elección del nuevo presidente del senado Honorio Enríquez Pinedo, no tiene precedentes políticos en la historia republicana.

Es el principal dignatario de una de las tres  ramas del poder público y el hecho manifiesta que, en este país si se puede avanzar respetando el principio democrático.

Es muy positivo que, por primera vez en casi 25 años de hostilidad política, haya coexistido un acuerdo del progresismo y el Centro Democrático, para elegir al presidente del Congreso.

Fue un termómetro que mide la temperatura y el calor de una campaña política, sin la capacidad de medir la presión y el peligro de una explosión general, si no se llega a tiempo a un entendimiento social.

Si no hay acuerdos políticos, será inminente una deflagración, para no utilizar el vocablo estallido social, que puede volver pedazos la estabilidad del país.

Y el ejemplo de que, si se puede, lo pusieron en menos de dos días las mal llamadas izquierda y derecha colombianas, de irreconciliables diferencias teóricas, agudizadas en el presente siglo.  

Atacamos la polarización buscando lo bueno.

Dos polos opuestos: Una regla de la conciencia democrática:

El Centro Democrático simboliza la corriente política derechista con el uribismo a la cabeza y su defensa del orden con el uso de la fuerza estatal contra los grupos armados ilegales.

El Pacto Histórico, integra al progresismo con sectores alternativos y sociales que impulsan las reformas y el cambio, agrupados en ese partido.

Del Pacto, hacen parte  Colombia Humana, el Polo Democrático, la Unión Patriótica (UP), el Partido Comunista y el Movimiento Progresistas y  otras fuerzas de centro.

No importan el origen, ni los motivos o los intereses, es una demostración de que, si se dejan los egoísmos políticos, este país puede avanzar respetando la democracia.

Insoslayable: Toca bajarles el volumen belicoso y ofensivo a sus discursos y establecer diálogos abiertos para hablar y exponer opiniones para llegar a acuerdos entre partidos.

Si quieren a Colombia no deben verse como enemigos acérrimos perversos o peligrosos, sino como alguien con otra idea.

El odio genera más odio, violencia o temor hacia el otro, este es el mayor insumo para la violencia polarizante que amenaza al país.

Sin estos elementos no tendremos a la vista una fórmula para conseguir la paz que permita salvar  la democracia colombiana.

Entraremos en la polarización profunda personificada y   sin capacidad, ni voluntad de pactar con el adversario, luego aparecerá el peligroso Estado autoritario en una sola persona, sin límites constitucionales y legales.

El peligro acecha, la dictadura acecha y el solo hecho de tratar de desconocer al Congreso es una idea de que pueden hacer otras cosas ilegales para gobernar sin control.

Si fueron capaces el Pacto Histórico y el Centro Democrático para pactar un acuerdo en tan poco tiempo, ¿por qué no lo siguen intentando para lograr la paz del país, atacada por estrategias políticas visiblemente dictatoriales?.

No quiero ver a millones de migrantes colombianos por el mundo huyendo de la violencia.