Versículos de la Biblia
Juan 20:22 Y habiendo dicho esto, sopló en ellos, y les dijo: Recibid el Espíritu Santo.
Juan 14:17 El Espíritu de realidad, al cual el mundo no puede recibir, porque no le ve, ni le conoce; pero vosotros le conocéis, porque permanece con vosotros, y estará en vosotros. 19 Todavía un poco, y el mundo no me verá más; pero vosotros me veis; porque Yo vivo, vosotros también viviréis.
Palabras del ministerio
Después de resucitar, El Señor Jesús vino a Sus discípulos. En Juan 20:22 leemos que “El sopló y les dijo: Recibid el Espíritu Santo”. La palabra griega pneuma que traducimos Espíritu significa también aliento o soplo. Esto indica que el Señor Jesús dijo a los discípulos que recibieran el aliento santo. Por una parte, El exhaló Su aliento, y por otra, los discípulos lo inhalaron. En Juan 20:22, el Señor Jesús dijo a los discípulos: “Recibid el Espíritu Santo”, esto es, el aliento santo.
El Verbo, quien era Dios, se hizo carne. Luego, después de pasar por la crucifixión y la resurrección, Él llegó a ser el aliento santo que podemos inhalar. Si hemos de entender correcta y completamente el evangelio de Juan, es necesario que veamos las etapas de este proceso. En Juan 1:1 y 14 vemos que el Verbo, el cual en el principio estaba con Dios y era Dios, se hizo carne. El versículo 29 revela que este Verbo encarnado es el Cordero de Dios. Por una parte, Él es el Cordero que redime, y por otra, es el árbol que imparte la vida. Por consiguiente, podemos referirnos a Él como el “Cordero-árbol”. En Juan 15 vemos que los pámpanos son la vida que lleva la vid. Finalmente, el “Cordero-árbol” llega a ser el aliento santo. ¡Aleluya! En nuestra experiencia, Cristo es el Verbo, el Cordero, el árbol y el aliento. El Verbo expresa a Dios, el Cordero efectúa la redención, el árbol imparte la vida y el aliento nos capacita para vivir.
Si no respiramos no podemos vivir. En el idioma chino cuando una persona fallece, se dice que dejó de respirar. Sin duda, dejar de respirar equivale a morir. Asimismo, podemos decir que respirar equivale a vivir. Tal vez podamos graduarnos de muchos cursos, pero jamás podremos “graduarnos” de respirar. Nadie puede afirmar que por el conocimiento o la madurez que ha adquirido, ya no necesita respirar. Al contrario, cuanto más avanzada sea la edad de una persona, más se preocupa por su respiración. ¡Cuán maravilloso es contar con el aliento santo para nuestra existencia!